Amabilidad

Pase usted. Claro que sí. Que tengas buen día. Muchas gracias. Con mucho gusto. Por supuesto.

Vivir en una ciudad y una tan caótica como la Ciudad de México siento que a veces nos puede desensibilizar. En las mañanas cuando voy camino al trabajo no falta que vea un pequeño accidente de tránsito y siempre pienso “qué mala onda” y me sigo. No falta que veo transeúntes tratando de cruzar una calle y no los dejo pasar. O la señorita que me atiende en el super y soy limitadamente cordial porque me urge llegar a mi casa a descansar.

Hace un par de semanas recibí a una chava en la oficina que iba a presentarme una propuesta para mi área. Normalmente soy hiper mamona con estas personas y en estas citas, porque las consiguen bajo insistencia y persistencia. Y acabo cediendo sólo para quitármelos de encima.  Les dedico un par de minutos y luego los despacho. Pero esta chava llegó tan contenta y tan linda que me contagió la buena vibra, me cautivó con su propuesta y me ganó. Actualmente ya estamos trabajando en conjunto sobre un proyecto. Y cada vez que tengo que hablar con ella de verdad me cambia la actitud porque es tan amable y genuina que se la compro y se lo acepto.

Este pequeño detalle me ha hecho pensar muchísimo en cómo soy con las demás personas. Y estoy segura que entre mi estrés semanal, cansancio, tráfico, etc, no me doy a la tarea de ser la versión más amable de mi misma.

Así que decidí llevar la tarea a la calle y ahora intento ser la más cordial. Debido a que he estado cuidado a mi perrita Srita. Chihuaha he adoptado una nueva rutina de salir a caminar en las mañanas y en las tardes en donde aprovecho para hacer ejercicios de amabilidad.

Los resultados han sido asombrosos porque no sólo ahora tengo amiguitos en la colonia que me reciben con una pequeña sonrisa o un buenos días, sino que mi amabilidad me ha hecho cruzar fronteras. Por ejemplo el otro día iba caminando y vi que se abrió una cochera y adentro había una colección de mesas y sillas medio eclécticas que me llamaron mucho la atención. La curiosidad me ganó y le di la vuelta a la cuadra y regresé. Era un pequeño restaurante sobre una calle por la que paso diario y nunca lo había visto. La dueña me enseñó el menú y presumió los deliciosos pain au chocolat que acababan de salir del horno y un par de delicias más. Estaba increíble el lugar y todo se veía buenísimo. Prometí volver.

Y puede que suene ridículo pero si no hubiera estado en mi misión de ser más amigable no me hubiera tomado la molestia de asomar la nariz, sonreír y preguntar.

A lo mejor resulta que estoy descubriendo que soy una nefasta que se creía amigable. Pero a lo mejor esta semana los puedo invitar a que sean un poquito más amables de lo normal y a ver qué pasa….

Les deseo la mejor semana del mundo.

Grandes y cordialísimos saludos!

La Citadina.

Un pensamiento en “Amabilidad

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