Lo bueno no siempre es lo reconocido

Este fin de semana por fin logré ir a la expo de Stanley Kubrick en la Cineteca Nacional. Digo por fin no porque ardiera en ansias por ir, si no que había costado varios fines de semana y planeación estratégica para lograrlo por 2 razones: 1) Me queda un poco lejos y 2) La vida tiende a atravesarse en los planes mortales. Pero ya está, lo logré y a acompañé al Sr. Novio (que sí es muy fan).

Llegamos a las 11:30am en punto listos para entrar cuando nos dieron boletos para las 12:00. Nada grave esperar media hora, pero hacía frío y si leyeron la semana pasada ya saben cómo me pongo, por lo que me urgía un poco acelerar los minutos. Mientras esperábamos se empezó a acumular una larga fila de gente ansiosa por entrar a ver. En la fila me enteré que murió en el 99 de un infarto a los 70 años y un par de datos más del emocionado público.

Cuando por fin entramos Sr. Novio me empezó a apresurar con gran ímpetu durante las primeras 3 salas. He de confesar que me ofendí un poco porque como No fan de Kubrick quería aprender un poco y este hombre apresurado no me dejaba disfrutar. Luego entendí que las primeras salas eran una larga introducción a lo bueno y sin dejar de ser importantes, no eran indispensables y al saltarlas logramos esquivar las multitudes que me ponen de nervios.

Así que ya con calma empezamos a recorrer cada sala. Yo de manera muy ñoña leía cada introducción y descripción y Novio se dedicaba a darme datos curiosos de conocedor. De repente llegamos a la sala de 2001: Una odisea del espacio y vimos en una de las paredes rojas un pequeño ser reluciente todo dorado que se llama Oscar. Y me dice Novio: Mira el único Oscar que ganó. Yo: ¿Cómo? Pero era muy bueno  ¿Sólo ganó uno?

Y ese simple hecho me hizo pensar en tantas cosas. El hecho de que Stanley Kubrick alabado y admirado por tantos no sólo en el mundo del cine, si no del arte no hubiera recibido más que uno de los premios más aclamados de la industria que se dice uno de los más altos honores me hizo pensar que el reconocimiento no siempre es indispensable. Si Kubrick hubiera valorado su trabajo en base al reconocimiento de Academia se hubiera sentido un total fracaso. Y no lo era. No sé prácticamente nada de su vida, pero lo que sí sé es que él hizo lo que quiso, fue apasionado, meticuloso y dedicado. Eso no le ganó un Oscar, pero le ganó hacer lo que quería (y muchos otros premios y nominaciones).

Pero no puedo evitar pensar si quitáramos de en medio el reconocimiento… ¿Qué haríamos? ¿Qué haríamos si nadie nos estuviera observando?

¿Nos sentiríamos menos juzgados? ¿Más libres para hacer lo que queremos y  no lo que esperan de nosotros?

Saludos,

La Citadina.

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