Patriarca digital

Después de amasar una fortuna astronómica, Elon Musk consideró lógico ir al espacio exterior. Dueño de SpaceX, el hipermillonario nacido en Sudáfrica en 1971 reactivó la carrera espacial cuando las plataformas de lanzamiento de Cabo Cañaveral ya se habían convertido en chatarra. Sus primeros tres cohetes estallaron, pero el físico y economista siguió adelante, convencido de que no hay pedagogía más útil que el error. En unos cuantos años, SpaceX logró diseñar cohetes reutilizables y poner en órbita vuelos tripulados.

No todo ha sido miel sobre hojuelas en la trayectoria del empresario de Pretoria. En su adolescencia tuvo que estudiar artes marciales para sobreponerse al acoso del que era objeto por su eminente condición de nerd y en 1995, luego de graduarse de la Universidad de Pensilvania, buscó trabajo en las oficinas de Netscape pero no se atrevió a hablar con nadie. Tímido, sabihondo y sin apoyos familiares, construyó un mundo a su medida como quien gana un juego de rol. En una sociedad que mide el éxito en dinero, subió al podio de los triunfadores. Apostó por los coches eléctricos con su compañía Tesla, invirtió en múltiples empresas digitales y decidió privatizar el espacio exterior.

La expansión capitalista se alimenta de sí misma sin límite alguno. Musk nunca llenará un formulario de jubilación. La saciedad no está en su ADN, según revela su más reciente ambición: comprar Twitter.

Musk ya disponía del nueve por ciento de la empresa y su cuenta personal tiene 88 millones de seguidores. El consejo de administración de Twitter aceptó su oferta de 44 mil millones de dólares. ¿Qué significa esto? En la era de los patriarcas digitales, hay fortunas privadas más poderosas que cualquier país. De manera previsible, algunas de las principales críticas a Musk vienen de uno de sus escasos competidores, Jeff Bezos, dueño de Amazon y del Washington Post. De acuerdo con Bezos, si Musk se queda con Twitter, China tendrá mayor influencia en las redes porque Tesla depende parcialmente de ese país. No es la primera ocasión en que los plutócratas se enfrentan. Bezos tiene su propia compañía de aeronáutica, Blue Origin, y no se necesita consultar al Dr. Freud para advertir que los cohetes equivalen a las comparaciones fálicas en las que incurren los primates.

El viaje a las estrellas ya no es una contienda entre potencias con ideologías opuestas, sino una carrera de sublimación individual. Esto podrá ser productivo desde el punto de vista de la innovación tecnológica, pero pasa por alto las muchas necesidades de una especie que destruye sus condiciones de vida. El futuro según Bezos y Musk: cuando la supervivencia sea inviable en el planeta, unos cuantos billonarios escaparán a la estratósfera.

En lo que eso ocurre, el avispero de Twitter podrá tener nuevo dueño. Si la baronesa Madame de Staël abrió su salón para que los espíritus más selectos del siglo XVIII expresaran ideas decisivas para la Ilustración, Musk se apropiará de la plaza pública donde surgen tendencias de opinión. Como Señor del trending topic, continuará expandiendo sus negocios.

Aunque asegura que acabará con los bots y privilegiará la libertad de expresión, Musk cruza una frontera inédita: la voz popular puede tener un dueño. Por lo demás, su conducta en las redes no ha sido confiable. En 2018 fue demandado por la Comisión de la Bolsa de Valores de Estados Unidos por mentir respecto a operaciones de Tesla (su respuesta fue la de un niño berrinchudo: «no respeto a ese organismo») y al inicio de la pandemia propagó mentiras sobre el virus y se opuso a las vacunas.

Musk arriesga una sexta parte de su fortuna en la compra de Twitter. Desde el punto de vista del interés común, lo alarmante es que una tecnología que surgió con el propósito democratizador de comunicar libremente a la gente sea un botín comercial.

Con apoyo del Banco Mundial, en el año 2000 la multinacional Bechtel estuvo a punto de privatizar el agua de lluvia en Bolivia. ¿Habrá en el futuro dueños de las nubes, el polen y los moscos?

Previendo esa situación, Pablo Neruda imaginó que se encontraba con el aire, «rey del cielo», y le solicitó: «monarca o camarada/ hilo, corola o ave/ no sé quién eres, pero/ una cosa te pido,/ no te vendas».

Por ahora, una persona que lo tiene casi todo, aspira a comprar conversaciones.

Este artículo fue publicado en Reforma el 29 de abril de 2022, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

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