Los jueces irreales

Poco después de la aparición de Cien años de soledad, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa sostuvieron un diálogo en la Universidad de San Marcos, en Lima. En esa ocasión, Vargas Llosa preguntó a su colega si la literatura fantástica de Borges expresaba la irrealidad de América Latina. La respuesta de García Márquez contenía una lección política: en nuestras sociedades la irrealidad define el acontecer; tiene una condición real.

En Cien años de soledad la matanza de tres mil obreros se convierte en un mito que nadie quiere verificar, los 17 hijos ilegítimos de Aureliano Buendía son asesinados por criminales invisibles, los abogados actúan como “ilusionistas del derecho” y los enfermos consultan por correo a médicos que prometen curas telepáticas. Un mundo donde los delitos y las soluciones pertenecen al vaporoso orden de las conjeturas.

Más de cincuenta años después de la publicación de Cien años de soledad, México es un laberinto de espejos donde las apariencias se confunden con las certezas.

Hablemos de los “ilusionistas del derecho” que integran el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). En momentos decisivos, esos siete magistrados se disipan en la irrealidad.

Hace unos días el INE emitió un dictamen sobre las irregularidades en la precampaña de Félix Salgado Macedonio y el asunto fue a dar al tribunal. Los jueces determinaron que, en efecto, el candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero había incumplido el reglamento electoral, pero no establecieron sanción alguna y devolvieron la papa caliente al INE. En palabras de Francisco Báez Rodríguez, en La Crónica de Hoy: “El TEPJF le dio la razón al INE, pero tuvo miedo de dársela totalmente, porque se le vendría encima la furia del partido en el poder”. El tribunal no quiso asumir una función jurídica y se conformó con tener un papel simbólico.

Un caso previo: en 2018 hubo por primera vez candidaturas independientes a la Presidencia. Para llegar a la boleta había que reunir 866 mil 593 firmas. Dos candidatos fueron aceptados a pesar de haber hecho trampa. Según datos del INE, de cada 183 firmas recabadas por Jaime Rodríguez, El Bronco, sólo 101 eran válidas; en cuanto a Margarita Zavala, de cada 124 firmas, 84 eran legítimas. El gobernador de Nuevo León y la esposa del expresidente Felipe Calderón, personas con fuertes redes de poder, recibieron el respaldo del TEPJF a sabiendas de que habían cometido irregularidades. El 12 de abril de 2018, José Woldenberg, figura decisiva en la creación del proceso electoral mexicano, escribió en estas mismas páginas un artículo con el elocuente título de “Vergüenza”. Se refería a la decisión del TEPJF de avalar la candidatura del Bronco basándose en un tecnicismo: supuestamente el INE le negó una audiencia decisiva, pero Woldenberg argumentó que se sirvió de ese derecho hasta en doce ocasiones. Muy distinta fue la conducta de la precandidata de los pueblos indígenas, Marichuy Patricio: de cada 18 firmas en su favor, 17 fueron válidas. Por desgracia, al actuar con honestidad, no alcanzó la cifra requerida. El tribunal prefirió aceptar a quienes ostensiblemente hicieron trampa.

¿Y qué decir de lo sucedido en la elección de 2006, que motivó 1,179 denuncias ante la fiscalía electoral? En esa ocasión, el TEPJF reconoció que el presidente Fox puso en riesgo la contienda con sus declaraciones, y criticó las campañas sucias y la intervención del Consejo Coordinador Empresarial en contra de López Obrador. Otros temas debieron ser investigados. José Reveles, Premio Nacional de Periodismo 2001, documenta en Las manos sucias del PAN el desvío de fondos de programas sociales como Oportunidades para apoyar la campaña de Calderón. El tribunal no tenía todas las evidencias que se reunieron después, pero contaba con indicios de lo ocurrido. En vez de actuar, se limitó a opinar. Se diría que los magistrados electorales son los editorialistas mejor pagados del país: comentan, pero no deciden.

“La misión central de cualquier tribunal es ofrecer certeza”, escribió Woldenberg en el citado artículo. Estamos lejos de que eso suceda. En este país azaroso, la lotería es más confiable que la justicia.

García Márquez tenía razón: nuestra irrealidad es real. Manuel Bartlett, responsable del fraude electoral de 1988, está a cargo de la electricidad: apagar la luz es la razón para administrarla.

Este artículo fue publicado en Reforma el 16 de abril de 2021, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

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