Lagartos

¿Hay algo más delicioso que la venganza? Ver a los traidores pedir clemencia es increíble. Ah, pero cuando estaban atorándose al prójimo no se tentaron el corazón. Reían y pensaban, no es para tanto, total, en algún momento me perdonarán. Uno piensa que nunca que será traicionado, pero cuando sé es víctima de una canallada por parte de alguien que se estimaba, duele, vaya que duele. Déjalo pasar, que no te afecte. La mejor manera de superarlo, es que estés bien. Que todo fluya y nada influya. La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena. Frases y más frases sobre lo malo que puede ser la venganza pero he aprendido que sólo hay dos tipos de personas, a quienes les gana la tripa y explotan de inmediato al enterarse de la traición y quienes pueden tramar algo maquiavélico y esperar el momento idóneo para vengarse, aunque tenga que pasar mucho tiempo, incluso años.

Cuando Joaquín supo que había sido traicionado por su amigo de la infancia, la sangre le hirvió y casi le estalla la cabeza. Piensa antes de actuar, respira y cuenta hasta el número que sea necesario, las palabras de su madre cuando de niño estallaba como energúmeno y aventaba todo lo que estaba cerca. Mamá ya no estaba para hacerlo entrar en razón, hace dos años que se la había llevado el cáncer. En este momento Paco, el traidor, estuvo con él. La vida da vueltas y de pronto la persona en quien más confías se vuelve un desconocido.

Vamos por barbacoa al Mercado de Mixhuca y después acompáñame a comprar unos peces, le dijo su papá. Joaquín despertó con un dolor de cabeza pavoroso, aún estaba molesto pero Morfeo apaciguó la ira. Una barbacha ayudaría a pensar que seguía. Fueron varios de maciza, consomé y una coca en envase de vidrio bien fría. Después de comer borrego, era momento de buscar criaturas acuáticas. Su padre se tardaba horas viendo y preguntando sobre peces. Él se perdió en el pasillo de los reptiles, recordó a mamita que odiaba a las serpientes. Le llamó la atención un cocodrilo en una pecera, parecía una piedra. No se movía, parecía inerte, de pronto se movió bruscamente y devoró un pedazo de pollo que estaba en la pecera. Regresó a la quietud. Al Joaquín le fascinó aquella furia repentina. El responsable del puesto lo miró con desprecio, a Joaquín no le importó y empezó a hacer preguntas. ¿Cuánto crece? ¿En cuánto tiempo alcanza su mayor tamaño? ¿Qué come? ¿Qué tan agresivos son? ¿Dónde lo puedo tener? ¿A qué temperatura tiene que estar? ¿Puede estar en un lugar sin luz?

Los años pasaron, quizás una década. El pelo de Joaquín empezaba a blanquear. Entre sueños vio algo en redes sociales, no alcanzó a descifrar que pasaba. Cuando veía la tele mientras desayunaba, la noticia estaba en todos los canales. Un cocodrilo, si, un reptil, había devorado de manera sanguinaria a una prominente abogada y a su esposo en una casa del Pedregal. Joaquín sonrió levemente mientras le pedía más café a su esposa.

Saludos intergalácticas.

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