Cruci / ficción

El 26 de julio, a dos meses de la Champions, el entrenador Jürgen Klopp habló por primera vez de un partido del que acaso no saldrá jamás. En la final de Kiev, su equipo, el Liverpool, perdió 3-1 ante el Real Madrid. Quien fracasa busca, si no excusas, al menos explicaciones, y el técnico alemán ha encontrado un villano para la debacle: Sergio Ramos, el jugador más expulsado en la historia del Real Madrid.

Después de media hora de juego, el defensa arrolló a Mohamed Salah en una especie de llave de judo que obligó al delantero egipcio a salir del campo con lá- grimas en los ojos. El Liverpool perdió así a su principal atacante. Poco después, Ramos propinó un codazo al portero Loris Karius y ya nada fue igual. Dos de los tres goles del Madrid se debieron a pifias del guardameta que resulta- ron incomprensibles hasta que Franz Beckenbauer, indisputado emperador del futbol alemán, llamó a Klopp para decirle que seguramente Karius había sufrido una conmoción cerebral en el encontronazo con Ramos.

Así, la noche de Kiev se convirtió en la noche del Verdugo Blanco. El Real Madrid fue superior, pero su victoria no fue ajena a la crueldad. En la misma rueda de prensa, Klopp alertó acerca de otro tipo de rudeza: Karius fue salvajemente crucificado en las redes sociales. El guardameta pidió a quienes lo linchaban que repararan en el dolor provocado y les deseó que nunca pasaran por algo semejante. “La mejor decisión que he tomado en mi vida es no participar en las redes sociales”, comentó Klopp: “Llegará el momento en que las cosas se vuelvan a decir cara a cara”.

El Liverpool sometió a su jugador a pruebas médicas y dio a conocer que, en efecto, había padecido una conmoción. Para entonces, ya había sido ultrajado por gente que no conocía ni quería conocer la verdad. Tiempos de cruci/ficción en el Gólgota digital.

En La genealogía de la moral, Nietzsche explica que la “situación de derecho” permite juzgar impersonalmente las acciones, evitando las venganzas personales y “el insensato furor del resentimiento”. La inquisición viral transgrede este principio; las más recónditas pasiones distorsionan lo sucedido y construyen un suceso paralelo imposible de revertir. La noticia de que Karius estaba lesionado no provocó la misma reacción que la vengativa condena de sus fallas. Fiel a la disciplina que aprendió desde sus días en el Mainz 05, el portero no buscó excusas y se limitó a pedir que cesaran los insultos.

El número uno del equipo debe brindar confianza a los demás y no puede darse el lujo de fallar. Las presiones que sufre se agravan si juega para Alemania. Meses antes del Mundial de Sudáfrica, Robert Enke prefirió tirarse a las vías del tren que confesar que padecía depresión crónica. Otro custodio de los tres postes de Ale- mania, Harald Schumacher, habló de la angustia que sufre alguien profesionalmente obligado a estar tranquilo. Acosado por los medios, comentó: “¿Saben lo que haría si no tuviera hijos y esposa? Me desvanecería, desaparecería como Howard Hughes, viviría como colono en algún lugar de Canadá. Tendría mis vacas, haría mi propio queso, mataría mi propia carne… No tendría que rendirle cuentas a nadie”. En vez de huir a la pradera de las vacas, Schumacher enfrentó los rigores del área chica: “Como portero tengo un papel pasivo. No puedo devolver los golpes. Asimilo todo… Hago el trabajo sucio. Si me meten un gol entre las piernas y mi equipo pierde, no importa que en ese partido detenga dos penaltis… He jugado con los dedos rotos, con las costillas rotas, con los riñones desechos. Tengo desgarrados los ligamentos. Me extirparon los meniscos. Tengo una artrosis terrible. Me acuesto con dolores y me levanto con dolores”. El cancerbero es un mártir voluntario que puede ser condenado por algo que en realidad no fue un error.

Las protestas de Klopp ante la agresión en las canchas y en las redes sociales tienen sólido fundamento. Con todo, acaso también él contribuya a distorsionar un encuentro donde su equipo fue inferior. Manuel Jabois escribe con pertinencia en El País: “Dentro de dos años el partido habrá sido ya un combate que Ramos ganó dando cabezazos sin que las fuerzas del orden pudiesen detenerlo”.

“Malos tiempos para la lírica”, escribió Brecht en los albores del nazismo. “Malos tiempos para la verdad”, diría hoy.

Este artículo fue publicado en Reforma el 03 de agosto 2018, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

Foto: Daily Star

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