Cuando pase el temblor

Yo, caminaré entre las piedras 
Hasta sentir el temblor, en mis piernas 
A veces tengo temor, lo sé 
A veces vergüenza…

Soda Stereo

El 19 de septiembre del 2017, como 29 años atrás, la CDMX se cimbró. Ese día ha sido uno de los más complicados de mi vida, fue muy fuerte ver a mi ciudad destruida. Nací en la Ciudad de México pero desde pequeño viví en Cuernavaca, regresé a la otrora Tenochtitlán por cuestiones laborales. Llevo unos diez años, interrumpidamente en la “ciudad más grande del mundo”. Algunas de las historias que experimentamos los capitalinos son inverosímiles, dignas de cualquier novela del realismo mágico.

Como chilango uno está acostumbrado a tratar con movimientos de cualquier índole. La ciudad se mueve por la ubicación geográfica, por los camiones que la transitan, por los goles de la selección mexicana de fútbol y por la corrupción.

El jueves pasado Artz Pedregal, una plaza nueva en el sur de la ciudad, se desplomó. Una parte de la estructura se cayó. Muchas de las personas que estaban cerca al escuchar el estruendo y al sentir el movimiento causado por el colapso de Artz pensaron que estaban ante un nuevo sismo. Dos semanas antes del derrumbe estuve en la plaza, que también tiene oficinas corporativas, porque visité unos clientes. La plaza lucía imponente, nueva, con tiendas de lujo, fuentes y espacios al aire libre, pero no todo lo que brilla es oro; ésta tenía fallas estructurales.

La zona en donde fue construida la Plaza Artz tiene un suelo fangoso, el río Magdalena corría por ahí. Desde que se inició la construcción los vecinos se opusieron pero el dinero y las influencias pudieron más. El jueves 12 de julio del presente año quedó claro que hubo anomalías en el proyecto y que no era viable por muchas razones pero los intereses económicos se interpusieron; pudo haber pasado una tragedia de dimensiones mayúsculas.

El nuevo gobierno tanto local como federal tiene como principal objetivo terminar con la corrupción, empresa que parece titánica, considerando los antecedentes de nuestra ciudad y del país. Es imposible evitar que la tierra se mueva pero como ciudadanos tenemos que combatir la corrupción y el tráfico de influencias mediante nuestras denuncias y no participando en actos “chuecos”.

Despiértame, cuando pase el temblor…

Saludos intergalácticos.

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