Jano y la locura

Para los antiguos romanos, Jano es el dios de los comienzos y de los finales. Lo representaban con dos caras, una viendo hacía atrás y otra hacía adelante. Se le consagró el primer mes del año, del latín Janero pasó a enero. Sin proponérmelo, lo último que leí del 2017 y lo primero del 2018, tocan el mismo tema: las enfermedades mentales. Jano me guiñó el ojo, como si me quisiera decir algo.

En “Mil veces hasta siempre”, John Green nos presenta el mundo de una persona con TOC (Trastorno obsesivo compulsivo), nos hace ver lo que sufre una persona con este padecimiento y como se relaciona con los demás, como debe de estar al pendiente de no dejarse dominar por la mente y la lucha constantemente contra sus demonios.

Luisa Reyes Retana en “Arde Josefina” nos transporta al infierno de una familia en la cual el hijo sufre de esquizofrenia y la hija de neurosis. Los padres se desentienden y dejan que los hijos luchen contra sus enfermedades. No quieren saber nada de sus vástagos y le dan la patria potestad del varón a la mujer, quien a los dieciocho años debe hacerse cargo de su hermano menor.

Desde edad temprana mi personalidad presentaba acciones “curiosas” las cuales se fueron intensificando conforme pasaban los años. Hace unos años se me diagnosticó cierto grado de TOC, situación que hizo que mi vida mejorará en gran medida. Fui con el psiquiatra y me recetó los medicamentos necesarios para el padecimiento, a la par recibí terapia por parte del psicoanalista. Después de muchos años viviendo con un serie de manías que sólo afectaban mi comportamiento, todo ha cambiado para bien, me siento contento y cada día quiero ser mejor persona. No me comparo con nadie más, quiero ser mejor que el hombre del espejo.

Todos los seres humanos tenemos ciertos rasgos de la personalidad pero no todos tenemos algún trastorno. Es interesante que muchas personas padecen alguna enfermedad mental pero nunca han sido diagnosticadas esto se debe principalmente a que existen muchos tabús al respecto. Mi hijo no está loco dice el padre como energúmeno que no quiere que se medique a su hijo. La realidad es que una vez que uno comienza a ser medicado por un especialista la vida se vuelve mejor. Cuando se tiene algún dolor de estómago se acude al gastroenterólogo, si se percibe algo anómalo en el comportamiento por qué no ir con un psiquiatra.

Saludos intergalácticos.

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