Es más probable ganar la lotería

Hoy llegué a Punta Cana después de un viaje cardiaco en el cual fue como un exorcismo de todo lo malo que hay escondido en los últimos rincones de mi mente. Viajar saca lo peor de mí, mis peores miedos. Yo creo que es porque en la vida cotidiana no tienen material (mis miedos) para agarrarse y dejarse ir como gorda en tobogán. Pero cuando estás volando sobre el Caribe y subes y bajas un par de metros en plena obscuridad en un avión de antaño (de los que eran sólo (dos asientos – pasillo – dos asientos). La loca de la casa se deja ir con todo. Cabe destacar que el vuelo salió a la 1am por lo que yo intentaba dormir en medio de mis peores pesadillas (según yo convertidas en realidad). En algún punto juré que nos íbamos a caer en el mar porque estábamos seguramente por el famoso triángulo de las Bermudas. Mi mala geografía y yo dedujimos esto gracias a la canción que va:

Aruba, Jamaica, oh I want to take ya
Bermuda, Bahama, come on pretty mama

Y todo eso está alrededor de República Dominicana, así que estaba claro: todos íbamos a morir. En Bermuda. Hoy busqué y mis delirios geográficos no podían haber estado más equivocados por si están tan perdidos como yo en el mundo. Bermuda está al norte en medio de la nada, mucho más al norte. Nada que ver.

Logré conciliar el sueño cuando me rendí ante la realidad. Porque la realidad era esa. Estaba a dentro de un avión (encerrada realmente) y si éste se iba a caer, no había de otra, yo iba adentro e iba pa´ abajo. Cuando decidí que no había nada más que hacer sobre mi probable muerte y hundimiento en el Caribe… me dormí. Me despertó el señor de la fila de adelante que vomitó en una bolsita para mareo (mientras yo pensaba ¿de dónde sacó la bolsita?)

Así que estuvo rudo después de todo. Había evidencia (pobre señor del asiento 11 A).

Comenté el viaje desastroso con una mujer que me dijo que ella se había dormido todo el vuelo a lo cual acompañó con un: “es mejor echarse un Valium”.

Me quedé pensando… a lo mejor sí sería buena idea darle algo a la loca de la casa… ¿pero no sería sólo atontarla? No puedo evitar pensar que es como anestesiar una parte de nosotros y perdernos la lección. La de aprender a rendirse y confiar en la vida y darle la bienvenida a la muerte. Constantemente. Sin miedo.

Cuando por fin le escribí al Sr. Novio (quien no venía conmigo) sobre mi vuelo desastroso y mi casi muerte me contestó:

Es más probable ganar la lotería a que se caiga un avión.

Boom.

Los dejo con eso.

Saludos caribeños,

La Citadina.

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