Pensamientos asesinos

La semana pasada estaba platicando con una compañera de trabajo que corrió el maratón de la Ciudad de México. Me contó su experiencia y yo le conté lo mucho que la admiraba porque no creía que yo pudiera correr jamás un maratón. A lo que ella me contestó: Yo tampoco.

Una respuesta tan sencilla tuvo un impacto enorme en mí. Ese día me quedé pensando en todas las cosas que creemos que no podemos hacer o lograr y que aun así las hacemos. Fuera de sentirme genuinamente feliz por mi compañera que había logrado terminar, sentí un poco de envidia. Siempre he querido cumplir alguna meta tangible como la de correr una maratón.

Alguna vez lo intenté con una amiga.  En uno de los días de entrenamiento teníamos que correr 7 kilómetros. Yo me quería morir, a duras penas corría 5 kilómetros, pero mi amiga estuvo ahí a mi lado todo el tiempo, marcando el paso y platicando. Yo intentaba ocultar que me quería morir, aventarme al piso y rendirme. Mi amiga se dio cuenta y me dijo: te está atacando tu mente, no la dejes. Fue entonces que me di cuenta del poder de la materia gris que es fundamental en nuestra vida.

Acabé los 7 kilómetros a pesar de mí. Tenía un dolor de rodilla y de (hasta pena me da decirlo) … de cadera. Pero curiosamente no me sentía orgullosa por haber acabado. Estaba furiosa. Primero me enojé con mi amiga por llevarme a ese límite en el cual mi cuerpo lo resentía y lo resintió durante semanas (lo cual acabó con mi entrenamiento). Pero después me di cuenta que el enojo era conmigo misma. Con mi mente. Con el ataque brutal de pensamientos negativos que desenfundaron la espada y me dieron con todo. Mis pensamientos no ganaron la batalla (porque acabé los 7 kms) pero ganaron la guerra porque me rendí y nunca jamás volví a entrenar para un maratón.

No quisiera darle todo el crédito a mis pensamientos negativos. Salí a correr un par de veces más ya que me había recuperado y descubrí que odio correr. Por lo que perdí el interés en correr un maratón. Pero aun así tengo ganas de imponerme una meta tangible y cumplirla.

Llevo 2 días sin comer azúcar. Llevo años sumergida en información que nos habla de lo mala que es pero por más que pienso en dejarla, no me atrevo. Porque no quiero dejar ir la idea de helados, donas, galletas y chocolate que tanto me encanta. Pero al mismo tiempo no dejo de pensar en cómo sería la vida si fuera libre de la adicción al azúcar.

Si algo he aprendido es que mis pensamientos negativos son brutales y no titubean. Cuando ven una amenaza atacan con todo su armamento. Pero por otro lado, he aprendido a darles la vuelta, aplacarlos y distraerlos. Así que hoy los tengo ocupados en pensar en lo malo que es la azúcar y tal vez así no se den cuenta de que estoy tratando de cumplir una meta.

Saludos,

La Citadina.

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