Soltero con credencial

Hacia 1990, entrevisté a practicantes de la pelota rarámuri y les pregunté por sus largas travesías en las sierras de Chihuahua. De acuerdo con sus reglas, está prohibido tocar la pelota con las manos; hay que patearla de principio a fin, sean cuales sean los accidentes del terreno. Curiosamente, estas reglas nunca se han escrito: “Si las escribimos, quiere decir que ya no nos tenemos confianza”, me dijeron en forma inolvidable.

El resto de México no se tiene confianza y sólo respeta los papeles sellados. Del acta de nacimiento a la de defunción, existimos en trámite.

Contar tu vida no otorga legitimidad. Sólo el Registro Civil comprueba que eres real. Los documentos que ahí se expiden tienen mayor concreción que tu persona; a tal grado, que cuando te piden una identificación, lo decisivo no es que la foto se parezca a ti, sino que tú te parezcas a la foto.

¿Qué hacer en el laberinto donde el pasaporte demuestra que somos mexicanos pero no sirve como constancia de residencia? La identidad es una, pero duerme en distintos sitios. Para efectos oficiales, la dirección no puede ser la patria. Eso está bien para Guillermo Prieto, no para el ciudadano que busca cobrar un cheque. Surge entonces la pregunta: ¿qué relación hay entre el sitio donde resides y el trabajo que hiciste? Ninguna, pero nuestra esotérica visión del mundo permite creer que las molestias son un método de control. Si no entregas una boleta expedida a tu nombre en los últimos tres meses no cobras. En ocasiones, esa boleta es, en sí misma, una prueba de la ilegalidad (la dirección está mal escrita y tu tanque recibió menos litros de los que te cobraron), pero ayuda a que la cadena de los estorbos continúe.

Ante tanta incomodidad, el mexicano busca alivio en la economía informal, donde se falsifican documentos y los coyotes conocen atajos en el desierto de las instituciones. No todos los trámites se cumplen a cabalidad. ¿Elimina esto su importancia? Por supuesto que no. Las condiciones intrínsecas de un papel con el escudo nacional son menos relevantes que desconfiar de los demás y pedirles algo que les cueste trabajo conseguir. Un trámite nunca tendrá el rango de mérito moral. Lo decisivo es que sea una lata.

Aunque tiene los cajones llenos, la burocracia es insaciable. Cada nueva costumbre y cada nuevo invento inspiran formas de ser supervisados por medio de papeles. En ocasiones se trata de algo que ya conocíamos, pero que no ameritaba credencial. Es el caso de la soltería, condición volátil que hasta hace poco sólo dependía del destino y ahora puede tener número de registro. A cambio de 93 pesos, el gobierno de Nuevo León expide una incontrovertible constancia de soltería.

¿Qué utilidad puede tener esto? Todo indica que hay demasiados falsos solteros por el mundo. Quien perdura para siempre en ese estado es visto con dosis equivalentes de envidia y compasión; se trata de alguien que no quiso o no pudo casarse, un héroe de la voluntad o un mártir de la voluntad ajena. Pero también existen los que ya se casaron en tres pueblos diferentes y andan diciendo que no tienen deudas ni compromisos, que se graduaron de Medicina y buscan a la mujer de sus sueños.

Sólo la proliferación de buenos partidos pirata explica la necesidad de contar con solteros oficiales. Lo más interesante del trámite es que obliga a pasar por una Ventanilla de Inexistencias. Ése debería ser el nombre de toda la burocracia mexicana.

La publicidad de la Constancia de Soltería muestra la silueta de un hombre, lo cual da a entender que los varones engañan más respecto a su estado civil. De tener éxito, el trámite transformará nuestras costumbres. Si el rockero responsable le pide la credencial del INE a sus groupies para cerciorarse de que son mayores de edad, la chica con aspiraciones de matrimonio sólo saldrá con solteros de enmicada credencial.

Ni la vida íntima se salva de los trámites, pero el corazón es caprichoso y en el futuro alguien podrá decir: “Me quiere tanto que falsificó su credencial de soltero sólo para estar conmigo. Cuando lo descubrí, me dijo que también su acta de matrimonio es falsificada, pero que eso lo hizo por interés: sólo conmigo miente por amor”.

Este artículo fue publicado en Reforma el 21 de julio de 2017, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

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