Está linda la mar

Eran las seis de la mañana, abrí los ojos, me sentía como nuevo. Me desperté con mucha emoción, desde agosto del 2014 no me metía al mar, en ese entonces nadé en el mediterráneo; ahora sería en el pacífico en una de las nueve bahías de Huatulco. Caminé con energía para llegar a la playa, vi salir el sol, sentí el viento en la cara y escuché la voz de Poseidón. La mar estaba lindísima. Contemplar el océano da mucha claridad, éste no es estático, en ocasiones está en calma y otras puede ser un energúmeno. La marea viene y va, siempre habrá movimientos y cambios, sólo hay que entender que nada es para siempre. Se puede estar arriba o abajo pero no se estará definitivamente en un solo lugar.

El año pasado salí de Santander de la peor manera, nunca me adapté al trabajo, no me gustaba lo que hacía, a las personas no les gustaba que un recién llegado tuviese un puesto de subdirector sin haber picado piedra en la institución. Llegué al banco porque había trabajado con mi ahora ex jefa, creía en mi capacidad y necesitaba alguien de su confianza. Todos los días de mi estadía en la empresa tenía náuseas y sentía que los edificios me iban a aplastar. Un día en el metro, después del trabajo, colapsé y tuve un ataque nervioso. Las vías me llamaban, me sentí Ana Karenina, y empecé a temblar. Llegué a casa en estado de shock, mi mamá me vio muy mal y me llevó al psiquiatra. El doctor me diagnosticó, empecé con un tratamiento y no regresé a la financiera ibérica.

Al poco tiempo, quien fuese un gran camarada, me invitó a una Start Up del sector de la salud. En la naciente empresa yo sería el encargado de comunicación y mercadotecnia. Estábamos respaldados por un socio capitalista con mucha experiencia en el sector asegurador. En menos de un año, mi otrora amigo se fue por dinero a otro trabajo. El socio capitalista me dio el espaldarazo y creyó en mí, quedé a cargo. Por cuestiones legales estamos a la espera de salir a circulación, no me quedé de brazos cruzados y me puse a disposición de la empresa de seguros.

Llevo unos meses en el sector microasegurador y disfruto mucho mi trabajo. A diferencia de los seguros tradicionales, los microseguros se ofrecen a la base de la pirámide, las primas son más bajas pero las clausulas son muy sencillas. Mi trabajo tiene un impacto social, puedo ayudar a quien más lo necesita. Estoy en el área de comunicación y relaciones públicas, ramos que me apasionan. Viajo al interior de la república para dar capacitaciones y conocer a nuestro consumidor final. Este fin de semana fui a Juchitan, en el corazón del Itsmo de Tehuantepec. Aproveche el viaje para ir a Huatulco y regresar al mar.

Al dejar Santander sentí que había fracasado, que no conseguiría trabajo y que había defraudado a quien confiaba en mí. Ahora entiendo que no me gustaba lo que hacía y que la salud es primero. Existen muchos tabúes acerca de las enfermedades psiquiátricas, muchos estigmas y prejuicios absurdos. Desde pequeño he tenido problemas mentales, no me daba cuenta, pensé que era normal pero por miedo al qué dirán nunca pedí ayuda, ni me había tratado. Les puedo decir que nunca había sido tan feliz. Los problemas nunca dejarán de existir, son como la marea, vienen y van. Lo importante es enfrentarlos y decir lo que uno siente. A veces pensamos que todo se va a derrumbar pero todo tiene solución, menos la muerte. Y mientras estemos vivos hay que disfrutar y ser felices con lo que hacemos.

Saludos intergalácticos

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