El amor en tiempos de Tinder

La tecnología modifica nuestras vidas en muchos sentidos. Los taxis se ven amenazados por Uber, los hoteles por Airbnb y creo que los álbumes fotográficos ya fueron desplazados por Facebook. La forma de ligar también ha tenido sus cambios, con Tinder la afinidad se reduce a imágenes y a una que otra descripción. Las personas le dan like a las imágenes de alguien del sexo opuesto (o del mismo género, dependiendo la orientación sexual) y si los dos coinciden, tenemos un match, con éste la app permite el dialogo entre los tórtolos.

Conozco gente que ha encontrado a su media naranja en la aplicación de la flamita, noviazgos duraderos y sólidos, así como parejas que ya comparten techo. De la vista nace el amor y una imagen dice más que mil palabras, después vendrán las charlas vía chat para finalizar con el encuentro cara a cara que marcará el destino final de los interesados. En el mejor de los casos, del match surge el noviazgo. Pero también está el otro lado de la moneda.

En una red social que se basa en las apariencias sería absurdo poner una foto en la que uno no se ve bien, es más sería tonto mostrar cómo somos en realidad. Usemos photoshop y escondamos las imperfecciones porque de la vista nace el amor. Los que se han excedido de tamales ponen fotos de sus ojos, los bajitos no salen de cuerpo entero y abundan los lentes, todo lo que tapa ayuda. Me imagino que más de uno se ha sentido engañado al conocer en vivo y a todo color a su tinderela o tinderelo y ver que le dieron gato por liebre. No todo lo que brilla es oro.

En mi visita a Tinderlandia hice muchos matchs pero sólo concreté una cita, salí varias veces con la morra y la pasé muy bien pero ella exigía una relación formal, a la cual me negué. No era ella, era yo. En un match me sucedió algo muy curioso, la chavita se veía bien, delgada y con rasgos peculiares. La charla fluyó muy bien, repasé la bio y teníamos muchas cosas en común, pero me percaté que trans no se refería a un género musical. Por intentar cazar una paloma me encontré con un gavilán. El sinsabor que me dejó la experiencia me obligó a abandonar la tierra prometida.

Los hábitos de consumo cambian constantemente, el amor también se encuentra en Internet. Aunque me quedo con la vieja escuela de salir a algún lugar para dejarse sorprender por Eros. Creo que Tinder y compañía son buenas opciones aunque debemos estar atentos de los aprendices de seductores y seductoras que hay en la red, hay muchos charlatanes en el ciberespacio.

Saludos intergalácticos.

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