País de malas costumbres

Dice el dicho que a todo se acostumbra uno, menos a no comer. Y no obstante hay costumbres que uno jamás podrá aceptar, e incluso si algún día llegara a hacerlas suyas sería por la fuerza de las circunstancias, y ojalá no por demasiado tiempo. Se nos previene, desde muy pequeños, contra la gente “de malas costumbres”, sin precisar muy bien en qué consisten éstas y asumiendo de entrada que las nuestras son buenas y así deben seguir. Hay familias, no obstante, cuyas costumbres burdas o impertinentes nos desconciertan ya desde la niñez, pues en su casa pasan por normales dichos o hechos que en la nuestra serían un escándalo. Y viceversa, nadie nos asegura que los malacostumbrados no seamos nosotros.

No todo es relativo, sin embargo. Hay costumbres nefastas –crecientes, para colmo– a las que todos nos vamos haciendo, a falta de mejor alternativa, hasta que despertamos a un paisaje donde lo que nos parecía extremo, temerario, insoportable, vil, desfachatado, odioso o criminal resulta cosa de todos los días. Dirán los conformistas que nos toca habituarnos a que calles y predios vayan siendo tomados por la delincuencia, o a que en los hospitales no haya recursos básicos, o a que quienes se ostentan como servidores públicos ofendan y amenacen a los ciudadanos si éstos se atreven a pensar por sí mismos y colegir que están siendo engañados, pero incluso el cinismo tiene sus límites.

No se acostumbra uno de buen grado a padecer abusos, vivir en la mentira o correr un constante peligro de muerte, pero es un hecho que ya estamos ahí. Vivimos, a juzgar por la diaria evidencia, en un país de muy malas costumbres, gran parte de las cuales padecemos y no podemos remediar, de modo que además cargamos con la fama de trogloditas ante el resto del mundo civilizado. Pues no sólo florecen los negocios de traficantes, cafiches y matones, sino que su poder es hoy tan grande que imponen o eliminan candidatos a cargos oficiales y con frecuencia se hacen obedecer por quienes han jurado combatirlos. Hace falta cachaza y adocenamiento, cuando no candidez y oportunismo, para amoldarse a estas y otras vejaciones que en modo alguno pueden ser normales y son intolerables hasta la indignidad.

Entre tantas costumbres afrentosas, resalta en nuestros días el respeto menguante por la vida humana. Entre la ineptitud y la indolencia de quienes cobran sueldo y privilegios por dizque protegernos, la muerte no parece mucho más que una eventualidad sin mucha relevancia. Se le soslaya, siempre que se puede, o se le oculta tras dudosas estadísticas al gusto del burócrata que las interpreta y por sistema busca deslindarse de los desastres y tragedias que no supo, o no pudo, o quizá ni siquiera se propuso evitar. ¿Y uno entonces tendría que habituarse a que los responsables le engañen en pandilla –e inclusive le insulten, si insiste en ser

escéptico– aun en casos tan delicados como la pérdida de incontables vidas humanas por ineptitud, negligencia o soberbia?

Perdón, pero no estoy acostumbrado a que la gente me amenace y me miente la madre si mi opinión difiere de la suya, o si me da la gana cambiar de parecer. Me cuesta mucho, y por fortuna seguirá costándome, aceptar como norma la vitalicia deshonestidad de esos acomplejados que jamás reconocen una equivocación, so pena de mirarse disminuidos. No me acostumbro a los desplantes de los encumbrados ni a la tirria tenaz de los resentidos. No puede ser “normal” que no pueda uno ni viajar por carretera –y en ciertas latitudes asomar las narices a la calle– sin arriesgarse a ser descuartizado. Abomino de cuantos “usos y costumbres” discriminan y esclavizan a las mujeres con el aval de las buenas conciencias. Y tampoco me voy a acostumbrar al viejo disparate derrotista de que “estamos en México” y lo que en otras partes resulta inadmisible y ultrajante, entre nosotros es vistoso y pintoresco. Puesto en pocas palabras: tengan su costumbrismo, que no pienso canjearlo por mi dignidad.

Este artículo fue publicado en Milenio el 23 de octubre 2021, agradecemos a Xavier Velasco su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

Foto:

https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Conociendo-los-rankings-hospitalarios-en-Mexico-20210910-0037.html

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