Domingo

Es domingo y hace mucho que no me sabía tan rico este día. De chica eran días que me pesaban de más, porque la mayoría de mis amigos pasaba el día en familia. Y mi familia por ser pequeña, con tan sólo 3 integrantes, no lográbamos hacer demasiado ruido ni aventura digna de contar el lunes por la mañana de regreso en la escuela.

Así fue como empezó mi trauma de los domingos. No les veía sentido, se me hacían un día perdido en la semana. Una oportunidad más para estar sola y aislada del mundo y de la vida. Tenía un compañero en la universidad que se llamaba Domingo y además de que (sin ofender a nadie) no se me hace el mejor nombre, lo consideraba una sentencia a una vida de soledad. Hoy, mis domingos son mucho más diferentes. Los puedo pasar trabajando, en cama todo el día, viajando, viendo amigos, leyendo en el parque contando aviones, haciendo un poco de todo o haciendo nada.

Facturando, lavando el coche, en el super, leyendo un libro, escribiendo, sentada pensando en la inmortalidad del cangrejo. Así fue mi domingo de esta semana. Pero me pasó algo muy curioso. Mientras esperaba a que lavaran mi coche decidí sentarme a esperarlo. Cabe destacar que se me hace de los mayores desperdicios de tiempo en la vida, por ahí al nivel de secar platos (¿por qué perder tiempo secando platos que se secarán solos?). Mi celular, con poca pila y el único pendiente era ir al super después. Nadie me espera, ni una llamada, mi agenda está libre, nada que hacer. Así que me di chance en mi semana de sentarme y no hacer absolutamente nada.

Uno se entera de muchas cosas cuando se dedica a observar. Últimamente una de las cosas más deliciosas que he descubierto en la vida, es el hecho de no hacer otra cosa más que vivir lo que estás viviendo en un instante preciso, en el que estás. Soy la más renuente a escuchar el famoso “vive en el presente”. Me da la mayor flojera que me lo digan, por eso, hoy no los quiero compartir eso, les quiero compartir que hay una cierta delicia de dedicarse a hacer lo que uno intenta hacer en un momento preciso, lo cual le quita las cargas del mañana, del ayer, del qué será y de lo que fue.

Mientras estaba sentada esperando a que lavaran mi coche me invadió una sensación de absoluta serenidad al saber que lo único que TENÍA que estar haciendo en ese momento era: esperar a que lavaran mi coche. Así como se siente uno de vacaciones, observando las olas y sintiendo el calor en la playa, así yo en un changarro en la Condesa entre espuma, la brisa de una karcher y el sol de la calle.

Saludos en domingo,

La Citadina.

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