Diagnóstico equivocado

El año pasado, después de una cita médica salí con la mala noticia de que querían hacerme un estudio más profundo. Fui por el estudio y con mucha tranquilidad la persona que me lo hizo me dio malas noticias, la situación se veía más complicada de lo que esperaba, hizo declaraciones que cambiarían el curso de mi vida y yo me mordía la lengua y enterraba las uñas en las palmas para evitar llorar enfrente de desconocidos.

Regresé con el doctor que me había mandado a hacer los estudios y de igual manera confirmó un escenario gris, se mencionó la palabra tumores, cáncer, cirugía y urgente. Mi mundo como lo conocía se vino abajo. Me mandó con otra persona que era la indicada para hacer la cirugía quien después de ver un solo estudio me dijo que la cirugía era inevitable y tenía que hacerla ya. Sugerí un par de fechas a un mes de esa fecha y me decía que era demasiado tiempo, el factor de urgencia empezó a plagar mi cuerpo más agresivamente que cualquier otra cosa.

Busqué una segunda opinión que después de 20 minutos de sólo revisar el mismo estudio me dijo las palabras que no quería escuchar: cirugía inevitable. Me dijo que él me la podía hacer y que iba a estar padrísimo (textualmente las palabras que uso). Yo de padre no le veía nada, estaba completamente aterrada y en negación absoluta por lo que proponían hacerle a mi cuerpo. Entrar, cortar, mutilar.

No obstante, visité a otro doctor completamente alternativo con el que llevaba ya un buen rato y quise saber su opinión. No me dijo lo que tenía que hacer, me dijo que la decisión de hacerme la cirugía o no sería algo que yo sabría con mucha determinación. Sentí que me hablaba Yoda.

Después de días tras días de ansiedad absoluta en los que no podía comer ni pensar en algo que no fuera la cirugía, decidí adelantar la fecha y satisfacer el sentido de urgencia de los 3 doctores que había consultado. En un día me hice los estudios preoperatorios, escogí hospital y tramité los papeles que necesitaba mi seguro médico. Y ese mismo día en la tarde cancelé todo, como dirían vulgarmente “por mis huevos” (en este caso ovarios, por que me los querían quitar a mis 32 años).

Cancelé al doctor que no hizo más que aterrorizarme, al oncólogo que tenía que entrar a la cirugía, al anestesiólogo y sobre todo, cancelé las teorías que tenían sobre mi cuerpo. Regresé a lo más básico, a escucharme y escuchar mi cuerpo que a gritos me pedía que no lo violentara con una cirugía innecesaria. Fui en contra de lo más sensato y en contra de la opinión médica que me oprimía. La decisión fue precisa y no me había sentido más segura de algo en los últimos meses como en el momento que cancelé todo. Me costó trabajo, ya había pagado una fortuna en estudios pero las sabías palabras de mi mamá retumbaron en mi cabeza durante las próximas semanas: es de sabios cambiar de opinión.

Durante las siguientes semanas dormí mejor que nunca y luego empecé a despertarme a las 4:00 am y a pensar sobre si mi decisión sería una de la que me arrepentiría. Mientras tanto mis doctores se “preocupaban por mi” y querían saber cuándo me operaría. Les decía que pronto, cuando por dentro susurraba: nunca.

Ayer consulté a otro doctor, la cuarta opinión. Me fui a conseguir a uno de los más picudos, el consultorio en el edificio más caro y a la vez el más sencillo. Me atendió a tiempo, con tiempo, con libros, datos duros, platicó conmigo, escuchó lo que yo tenía que decir sobre cómo me sentía, revisó papeles, estudios y después de una hora me dijo que estaba bien. Que una cirugía no era necesaria y que había tomado la decisión correcta. Regresó un poco de color a mi vida y sobre todo la vocecita callada pero perseverante se convirtió en un grito que decía: te lo dije.

A los tres doctores y radiólogo que se dedicaron a torturarme durante 4 meses les quiero dar las gracias. Porque gracias a ellos ahora creo más en mi que nunca. Al doctor que me dijo que escuchara mi cuerpo, a mi amiga insistente que me sembró la cosquilla, a mi mamá que apoyó mi decisión y la alentó… a ellos tres les debo mi cuerpo, sano y salvo.

A veces uno tiene que ir en contra de todos para encontrarse a uno mismo.

Saludos sin cirugías,

La Citadina.

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