¿La eterna primavera?

Después del 19 de septiembre de 1985 hubo un éxodo de chilangos a las ciudades aledañas. Querétaro y Cuernavaca fueron de las urbes que más capitalinos recibieron. La inseguridad, contaminación y el pánico que ocasionó el sismo motivaron a mis padres a buscar otra población donde vivir; la ganadora fue la capital del estado de Morelos. Desde la época de la colonia Cuernavaca se ha caracterizado por su clima privilegiado, de ahí que se le haya nombrado: “La ciudad de la eterna primavera”.

Tuve una infancia y adolescencia privilegiadas, era un deleite vivir en Cuerna en la década de los noventas y en los primeros años del nuevo milenio. Todo era tranquilidad, los niños salíamos a las calles a jugar, andar en bicicleta y demás, no pasaba nada malo. Las distancias cortas hacían que treinta minutos de camino fueran un exceso. Corrí con la suerte de poder comer diario con mis papás, situación casi imposible en la CDMX. Se podía estar en la calle a altas horas de la noche sin riesgo alguno.

Nada es para siempre, el chamuco se apareció en el edén. A finales del 2009 todo cambió; primero con la “Narco Posada” al norte de la ciudad, después con la captura y muerte de Arturo Beltrán Leyva “El Barbas” en los exclusivos departamentos Altitude. A partir de ese momento todo valió madres, la primavera se marchó de Cuernavaca. La calma no ha vuelto a aparecer, el narcotráfico tomó la capital morelense. Violencia a diestra y siniestra; descabezados, balaceras a cualquier hora, comercios incendiados, noches de incertidumbre y pagos por derechos de piso se han convertido en una constante.

Conocí a Edgar Puebla en la universidad, me lo presentó una ex novia, teníamos muchísimos amigos en común. Edgar era un tipo imponente, alto, fornido y poseedor de una gran barba; de primera instancia, por su tamaño, uno prefería guardar la distancia pero su gran sonrisa hacía a los demás querer estar con él. Por el tenor de nuestras conversaciones nos decíamos el uno al otro “Nasty Partner”. Dejé la ciudad en el 2010 y le perdí la pista. Lo volví a ver el año pasado, Puebla andaba inmerso en al ámbito emprendedor, tenía barberías, foodtrucks y muchas ideas en marcha. Nasty, vente a cortar el pelo con nosotros, ya deja a tu estilista, me lo dijo mientras reía. Fui a cortarme el pelo y la barba con mi hermano, lo mejor del lugar fue el servicio y las atenciones de mi amigo. Al estar en la Ciudad de México se me dificultaba ir a acicalarme a “El Club de Barba Negra”. Mi hermano regresó varias veces y siempre me decía lo mismo: “Qué buena onda es Puebla”.

El jueves pasado Edgar Puebla fue asesinado. Tres sujetos lo balearon a sangre fría cerca de sus negocios. Había recibido varias llamadas de extorsión, le pedían derecho de piso.

En este país la clase política y la delincuencia organizada hacen lo que quieren, mientras tanto, buenos ciudadanos son asesinados a plena luz del día.

Descansa en Paz, querido Nasty.

Saludos intergalácticos.

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