Máscaras

Esta es la verdad.

Si fuera asesina hoy sería el día en que me estaría sentando en una mesa de mi casa, tomando unos whiskeys y sentándome a escribir los detalles funestos de mi crimen. Cómo lo hice, lo que oculté, mi plan maquiavélico y los golpes de suerte que acompañan a los malos siempre.

Pero la realidad es otra, mucho más aburrida. Esta es la confesión de los pequeños detalles de mi vida cotidiana y sin relevancia. Son confesiones ridículas pero poderosas, capaces de destruirlo todo. Bien dicen, que el diablo está en los detalles.

La verdad es que si me regresan cambio de más nunca lo digo.

Si puedo tomar algo que no es mío sin que nadie se de cuenta lo hago.

Si me encuentro dinero en la calle volteo a ver alrededor fingiendo para ver si no es de alguien pero la verdad es que estoy cuidando que nadie me cache.

No me gusta tomar, porque soy demasiado divertida.

Si pudiera empujar a mi vecina de arriba sin repercusiones lo haría.

Mi máximo en la vida sería heredar una fortuna y no hacer nada el resto de mis días.

Si alguien me regaña pienso en cómo destruirlos.

Si fuera legal y barato reparar un coche chocado me la viviría estampándome contra conductores imprudentes.

Se me antoja un día pararme en un punto estratégico de mi calle, a lado del carril de bicis, escondida atrás de un árbol y empujar a los ciclistas que pasen (sobre todo los que no respetan los semáforos).

Miento seguido.

Una vez sostuve a un gatito sobre el escusado mientras le jalaba, mi intensión no era soltarlo, pero hacerlo pensar que lo haría.

Me encanta romper cosas, si pudiera rompería toda mi vajilla en una tarde de sábado soleada y silenciosa. Mientras todos descansan tras una deliciosa comida yo azotaría los platos sin control para llenar de vidrios, de ruido e incertidumbre las casas de mis vecinos.

Le gritaría cállate al vecino neurótico con su perro al que le grita todo el día. En general aterrorizaría a todos mis vecinos cuando hicieran algo que no me pareciera.

A veces sé que es cumpleaños de alguien y no los felicito a propósito porque no me felicitaron en el mío.

La verdad es que siempre me he portado bien, demasiado bien. Es agotador. Todos tenemos máscaras detrás de las cuales nos gusta hibernar, pero atrás, atrás está la verdad, está lo que nos mueve, está esa furia que nos hace transitar las calles de una ciudad sin clemencia, la Ciudad de México.

Saludos,

La Pueblerina (alter ego de La Citadina).

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