Las maneras en que soy mexicana

Mi vida no es muy interesante a veces, lo que sí es el tema de mi nacionalidad. Nací en México y siempre he vivido aquí. Mi primer pasaporte fue canadiense por lo cual estoy catalogada así muchas veces. Sobre todo porque mi segundo apellido es francés.

La realidad de ese apellido no tiene nada que ver con Quebec ni Canadá. Mis primeras palabras también fueron en inglés, aprendí español en la escuela como Dios me dio a entender. Cuento en español, leo en inglés y me hablo a mí misma en…. español e inglés.

Empecé a comer cosas picantes hace unos 3 años cuando me entró una obsesión loca por los chilaquiles y resulta que muchos pican. Cuando iba en la secundaria mis amigas hablaban a mis espaldas comentando lo raro que era comer en mi casa porque a las enchiladas en vez de crema les ponían yogurt rebajado con leche.

No soy de mariachis, ni de banda. En general el ruido me molesta bastante sobre todo en las mañanas. Me gusta empezar el día suavecito y con calma. En cambio puedo escuchar La Vie en Rose a casi cualquier hora, interpretación o idioma.

Una vez me puse a calcular cuánta sangre tenía de cada nacionalidad que corre en mi familia. Saqué porcentajes e hice conjeturas. Hasta que accidentalmente me enteré que los papás de mi abuelo materno no eran ingleses como yo asumía sino que uno era inglés y el otro escocés. Me di por vencida.

Tengo puertas abiertas para irme, siempre las he tenido. Dos pasaportes y dos idiomas. Pero nunca me he querido ir de México, mi hogar en el cual no logro encajar pero aquí sigo esperando en el calor de los días con la esperanza de que algún día me sienta tan mexicana como el mole.

Me doy cuenta que ese día probablemente no llegue. Me encanta México, es mi hogar, pero no me identifico todo el tiempo con su cultura, la manera desordenada de lograr objetivos, la creencia de que la música fuerte atrae a la gente y la impuntualidad. Sin embargo no hay un día en el que me imagine sin aguacates, sin su humor, sin la ligereza de vida ni los colores vivos que nos levantan.

México es un país espectacular en el cual tuve la suerte de nacer. Aunque no embone a la perfección sé que sus tierras siempre tendrán un lugar para mí, un lugar al cual regresar al final de un día cansado. Un lugar donde cuando llegue sienta ese calor en la tierra, en la comida y en su amor.

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