Glosario de eufemismos de temporada

Hoy en día, hablar claro es mal negocio. Con las escasas pulgas imperantes, vale más ser ambiguo y aquiescente que entrar en discusiones bizantinas que solamente el diablo aspiraría a ganar. ¿Qué quiere uno decir? Nada: lo que los otros prefieran entender.

Acarreado. Hincha de utilería destinado a animar partidos de mentiras en lugares remotos donde aplaude los goles que nunca ha visto entrar con la pasión discreta del sonámbulo.

Adhesión. Según el diccionario, se trata de una “fuerza de atracción que mantiene unidas moléculas de distinta especie química”. Su poder de cohesión se calcula multiplicando la cantidad por la denominación de los billetes reales y potenciales que la integran; su unidad de medida son las convicciones.

Campaña. Cortejo escandaloso que empieza por bailar con príncipes y hadas y acaba despertando con sapos y brujas. Como en todos los sueños, absurdos de por sí, casi nada es verdad y poco se recuerda al día siguiente.

Conteo. Proceso de cómputo apresurado que antaño ejecutaban los forajidos a la hora de dividirse el botín, y con cierta frecuencia terminaba a balazos. Según la industria de las mentes suspicaces, de entonces para acá sólo ha cambiado el nombre de los bandidos.

Convicción. Coartada moral sólida, convincente y maleable que facilita el tránsito indoloro entre creencias prácticamente opuestas y de hecho reñidas, en nombre de una forma de congruencia que nadie más que uno necesita entender y por tanto no hará falta explicar.

Debate. Alegato entre antípodas coyunturales comparable a un partido de futbol, donde los hinchas gritan y se insultan, pero muy rara vez cambian de camiseta.

Educación. Bagaje informativo superfluo y elitista cuya sola existencia atenta gravemente contra el sacro derecho a la ignorancia. Entre más educada es la persona, peores son las sospechas que despierta en el pueblo inmaculado.

Encuesta. Pieza propagandística de precisión incierta y alcances epidémicos, destinada a calmar los nervios del paciente y reafirmarle en el feliz diagnóstico de que los necios son sus detractores.

Equidad. Igualdad objetiva de oportunidades que es cliente frecuente de la arbitrariedad y rehén favorito de la ligereza. Objeto de perpetuo regateo entre dos abusivos irreductibles.

Fraude. Dícese de una trampa imperdonable, ahí donde quien perdona es siempre el de la voz. Conducta de los otros en contra de nosotros. Alma y razón de ser del resultado adverso.

“Guerra sucia”. Lucha en lodo entre dos o más reputaciones que se declaran libres de salpicaduras, donde no suelen ser los impecables, sino los atascados, quienes llevan ventaja natural.

“Influencer”. Portador imprevisto de histeria colectiva. Personaje tocado por la fama cuyos meros resuellos suenan idiosincráticos, especialmente si no sabe de lo que habla.

Partido. Iglesia ciudadana de credo intercambiable y diezmo fijo donde los pensamientos se expresan en plegarias y se venden milagros por anticipado.

Politólogo. Llámase así a quienquiera que posee alguna explicación sesuda y verosímil —esto es, la que uno quiere oír— sobre el raro presente y el incierto futuro del país. Por motivos estrictamente terapéuticos, no se espera que el politólogo tenga la razón, sino que nos la dé con la seguridad de un gran especialista. Los hay en todas partes, de innúmeras tendencias, cargados de razones que se prueban solas y se expresan en risas sobradas y sardónicas ante la candidez que con toda certeza les rodea.

Subsidio. Mordida que el político le paga al ciudadano. Dícese del domingo que suele prometer Papá Gobierno a los hijos sumisos y obedientes que en teoría no pueden —y en realidad no deben— valerse por sí mismos.

Unidad nacional. Careta chantajista del pensamiento único, bajo cuyo cobijo escepticismo es igual a traición y solamente el dócil aspira a la camisa negra del patriota.

Voto útil. Golpe de estado del cerebro al corazón. Orgía con extraños compañeros de cama. El último recurso antes del se-los-dije.

Este artículo fue publicado en Milenio el 16 de junio de 2018, agradecemos a Xavier Velasco su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

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