#YoTambién

La revista Time escogió como personajes del año a las protagonistas de la campaña #MeToo, que protesta contra el acoso y la violencia hacia las mujeres.

Cristina Rivera Garza ha encontrado una categoría decisiva para describir a quienes huyen de los problemas colectivos: “indiferencia militante”. La apatía no siempre proviene de la desidia; en ocasiones se necesita mucho esfuerzo para evadir toda responsabilidad.

En el caso de la violencia contra las mujeres, quienes militan en la indiferencia repiten un argumento: “Si en México se asesina más a los hombres, ¿por qué se habla de feminicidios?”. Estamos ante un falso dilema. Toda muerte violenta es oprobiosa. Lo significativo es que en los feminicidios la causa de la agresión es el género: la condición vulnerable, subordinada, “desechable” de la mujer. Irene Tello Arista, directora de la ONG Impunidad Cero, lo resume así en Este País: “No es lo mismo hablar de asesinatos de mujeres por razón de su sexo, que hablar de asesinatos en general”.

Paso a la muerte de una mujer. El 11 de noviembre, la maestra Patricia Mora Herrera fue encontrada desnuda y sin vida en Zacapoaxtla, Puebla. El móvil oficial del crimen fue el robo, pero había indicios de agresión sexual.

Madre de dos hijos y casada durante veintiséis años, Patricia era ingeniera industrial con una maestría en Innovación Educativa. Llevaba una década enseñando Matemáticas y Física en la preparatoria José Vasconcelos en Tetelilla de Islas, donde vivió Misael Núñez Acosta, líder magisterial que se opuso al cacicazgo de Elba Esther Gordillo y que fue asesinado en 1981. A los cuarenta y tres años, Patricia corrió la misma suerte. Dos maestros rurales enfrentaron destinos que en forma alarmante se han vuelto comunes a ese oficio: un crimen político, un crimen de género.

Sobreponiéndose a la falta de recursos, Patricia había formado el equipo de ajedrez de la escuela y los equipos varonil y femenil de basquetbol y futbol. La multitud que cubrió de flores su ataúd da cuenta del aprecio que se le tenía en la comunidad.

Su asesinato no es una excepción en la Sierra Nororiental de Puebla. La “Página Negra” de Periódico Central consigna noventa y seis feminicidios en la entidad.

Patricia fue asfixiada a ochenta metros de su casa. El dolor sufrido por su familia se agravó ante el nulo apoyo de las autoridades. Su hermano Jacobo comenta: “El sábado 11, a las doce del día, el médico forense Arturo Ortuño me pidió que comprara de mi bolsillo los materiales para la necropsia: tres tubos tapa roja Vacutainer, cuatro recolectores de orina Dacryl, un litro de formol, un litro de alcohol, dos metros de franela color gris, metro y medio de nylon grueso color negro, dos jeringas de diez milímetros… No hubo ningún policía que resguardara el cuerpo de mi hermana (en el anfiteatro de Zacapoaxtla, la puerta se sostiene por fuera con un palo de escoba)”. Aunque esa clínica carece de condiciones para operar, Coneval informa que ahí se atiende al 77.2 por ciento de la población local. Jacobo pidió que extrajeran muestras de las uñas de su hermana y aplicaran el protocolo de violencia de género. El médico prometió hacerlo y retuvo el cadáver para que fuera inspeccionado por la Fiscalía General (que nunca se presentó).

Jacobo continúa: “De accionarse la Alerta de Violencia de Género, la Sierra dejaría en bancarrota los negocios turísticos de los políticos-empresarios”. En vez de iniciar una investigación en regla, el edil ofreció una recompensa de setenta mil pesos a quien denuncie a los responsables del asesinato de Patricia. Valiéndose del hambre y la necesidad, promueve un safari de culpables que acaso no lo sean.

Patricia pertenecía a su comité vecinal y organizaba rondines de vigilancia. Era consciente del peligro que acecha a las mujeres. Pidió que se reforzara la presencia policiaca, pero eso no ocurrió. De acuerdo con Jacobo, el representante de la Fiscalía de Puebla, Marcos Sánchez Reyes, le advirtió: “Te pido que no hables, que no digas nada porque por tu culpa la averiguación se vería comprometida”.

Patricia habló en vida y su hermano lo hace después de su muerte. La violencia de género lastima a la sociedad entera. Time honra en su portada a quienes rompieron el silencio con la campaña #MeToo.

Es hora de decir: #YoTambién.

Este artículo fue publicado en Reforma el 08 de diciembre de 2017, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

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