Los inventores de grietas

El poeta polaco Adam Zagajewski creció en la periferia de una ciudad sin gracia: Gliwice. En ese barrio, la única construcción de relieve era el estadio de futbol, que recibía gente cada quince días. El resto del tiempo las gradas representaban un monumento al vacío. En Dos ciudades, su libro de memorias, Zagajewski se pregunta por otras sedes de la ausencia que sobrecojan de ese modo y llega a la conclusión de que también las iglesias tienen la condición de espacios abandonados por la grey.

Hay lugares desiertos que aguardan su oportunidad y recuerdan que la multitud es necesaria. Valdría la pena que el Congreso mexicano se vaciara durante años hasta que fuera deseable que hubiese diputados.

El hemiciclo donde dormitan los legisladores carece de toda relevancia. Ni siquiera las ocasionales tomas de la tribuna suscitan interés. El 28 de marzo de 2001 la comandanta Esther habló ahí en nombre del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y pidió que ese recinto fuera capaz de albergar la diferencia.

Desde 1996 los zapatistas esperaban que los diputados convirtieran en ley los Acuerdos de San Andrés, firmados con el gobierno del presidente Ernesto Zedillo. Cinco años más tarde, una llamativa caravana partió de Chiapas rumbo a la Ciudad de México, los zapatistas llenaron el Zócalo y Esther conmovió con su discurso. Nada de esto afectó a los partidos políticos. Los legisladores de todos los frentes continuaron con sus usos y costumbres: ignorar la voluntad popular y subirse el sueldo.

Durante más de dos décadas, los zapatistas han aguardado con “digna rabia” que su pacto con el gobierno entre en vigor. En ese lapso, han puesto en práctica nuevas formas de gestión en sus Juntas de Buen Gobierno. La renovación de la vida diaria no suele ser noticia y muchos piensan que quienes buscaron la aurora se han eclipsado. No es así. En estos días, el EZLN volvió al escenario de las luchas grandes durante el Congreso Nacional Indígena, postulando a una candidata independiente a la Presidencia: María de Jesús Patricio Martínez, del pueblo náhuatl, nacida en 1963, en Tuxpan, Jalisco.

El CNI no pretende intervenir en la búsqueda utilitaria del poder ni en el reparto de prebendas, sino poner en escena una posibilidad, hacer visibles a quienes sufren la doble discriminación de ser mujeres y ser indígenas.

Los requisitos para participar en las elecciones presidenciales se concibieron para impedir el acceso a los candidatos ciudadanos. Los aspirantes disponen de ciento veinte días para recabar un millón de firmas en al menos diecisiete estados. En principio, sólo los partidos establecidos pueden cumplir esos requisitos. Pero los zapatistas y el CNI desafían la norma. En su comunicado del 28 de mayo señalan: “Confiamos en la dignidad y honestidad de los que luchan; de los maestros, de los estudiantes, de los campesinos, de los obreros, jornaleros, y queremos que se profundicen las grietas que cada uno de ellos ha labrado desmontando en lo chiquito y en lo grande el poder de arriba, queremos hacer tantas grietas, que ellas sean nuestro gobierno anticapitalista y honesto”.

María de Jesús Patricio Martínez es experta en herbolaria; conoce los remedios surgidos de la tierra. Con ese ánimo recorrerá el país. Desde el punto de vista ideológico, propondrá un cambio radical en nuestro modo de convivencia: otro mundo en el que quepan muchos mundos. Desde el punto de vista táctico, encabezará una lucha simbólica, destinada a construir un referente moral y señalar que lo más importante en el México de hoy son las ausencias.

Nuestra democracia es el territorio de los profesionales de la intriga. Javier Duarte pudo ganar la gubernatura de Veracruz y huir después de seis años de tropelías. ¿Cómo hacer que el pueblo intervenga en la arena pública? Abriendo grietas.

La decisión del CNI coincide con los cincuenta años de una obra maestra de la contracultura: El Sargento Pimienta, de los Beatles. En la canción Un día en la vida John Lennon se pregunta cuántos agujeros se necesitan para llenar el Albert Hall. Como advirtió Zagajewski, lo más importante de ciertos lugares son las ausencias.

El pueblo no está representado en el Congreso. ¿Cuántos huecos se necesitan para llenar esos escaños? ¿Es posible sumar la fuerza de las grietas?

Los zapatistas han emprendido esa insólita aritmética.

Este artículo fue publicado en Reforma el 2 de junio de 2017, agradecemos a Juan Villoro su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

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