Las calles secuestradas

La calle es libre”, dicen. Nos pertenece a todos en conjunto y a nadie en especial, aun si en ciertos momentos exultantes has llegado a creerla rendida a tus pies. Conquistamos las calles —nos adueñamos de ellas, emocionalmente— solo de recorrerlas, ubicarlas, sumarlas cada quien a su mapa mental. ¿Y no es verdad que el gran ardor del cautiverio tiene que ver con la nostalgia viva por aplanar otra vez el asfalto como cuando y por donde se le dé a uno la gana?

Cuando alegamos que la calle es libre —de pronto airadamente, como respuesta a alguna actitud abusiva— lo que nos interesa que se entienda es que ninguno puede acapararla, y quien así lo intente estará consumando un despojo tan obvio como intolerable. Nadie puede jactarse honestamente de “ganar las calles” si como consecuencia los demás ciudadanos habremos de perderlas a lo largo de días, semanas, meses o incluso años, en el nombre de fines “progresistas” cuyos medios apestan a barbarie.

Sabotaje y chantaje: de eso se trata el juego. Pero si el chantajeado es el gobierno, los saboteados son incalculables. Pues no solo secuestran las calles, sino además cancelan toda la actividad comercial de la zona y nos hacen de paso sus rehenes. Quienes allí trabajan se miran, sin un trozo de vela en el entierro, a merced de una crisis inducida que de un día para otro les quitará el sustento, mientras los chantajistas se enorgullecen de no entretenerse en consideración legal o humanitaria alguna. Si un día sus derechos fueron vulnerados, ahora nos joderán a todos por parejo. Se trata, por lo visto, de abusar tanto o más que los abusadores a costa de cualquiera que se deje. O sea todos nosotros.

“La moralidad”, observa Oscar Wilde, “es simplemente la actitud que adoptamos hacia quienes personalmente nos desagradan”. Supongo que ello explica la paciencia que muestran ciertos radicales ante las tropelías de los suyos, mismas que en los contrarios les parecen del todo condenables. ¿Quién le dijo a una víctima de la arbitrariedad que ello la facultaba para cometer otras equivalentes en sentido contrario? ¿Qué hace pensar al extorsionador que dejar en la ruina a tanta gente supone alguna gesta cívica o histórica? Reivindicar algún cierto derecho o protestar a causa de un abuso es también una forma de pasar lista entre las personas civilizadas: pintar la raya más acá de la cual no cabe hacer aquello de lo que nos quejamos.

“¡No es igual, por supuesto!”, claman unos y otros, ciegos al parecido delator que desde siempre guardan con sus antípodas, y uno opina al respecto que quizá dejarán de ser iguales cuando además de proclamarlo a gritos se demuestren capaces de actuar de otra manera. Flaco favor le hace a la cacareada democracia quien pretende adueñarse por medio del chantaje y la revancha de aquello que es de todos, y peor aún será si en principio le asistió la razón, pues ya se ve que ha renunciado a ella y en su lugar apela a la justicia de los trogloditas. Si unos y otros emplean los mismos medios, mal podrán ser sus fines diferentes. No importa qué tan puras sean sus intenciones, el abuso jamás desemboca en respeto.

Es por lo menos chusco que algunos entre quienes hoy día se proclaman defensores de nuestra libertad tengan la mala maña de querer limitárnosla con los mismos abusos que antaño denunciaban. Exigen con razón el respeto a las leyes y empiezan por zurrarse encima de ellas. Piden, aviesamente, lo imposible, de modo que su causa no tenga solución y resulte infinitamente capitalizable. Pero ellos son distintos, nos repiten, como esos encimosos igualados que buscan empatía a toda costa y acaban provocando repelús.

En otras latitudes, quienes ejercen el derecho a la protesta callejera tienen la obligación de circular, pero eso en este pueblo sería un abuso, a decir de los variopintos abusivos para quienes la calle solo puede ser libre cuando son ellos quienes la confiscan. 

Este artículo fue publicado en Milenio el 26 de septiembre de 2020, agradecemos a Xavier Velasco su autorización para publicarlo en MEX APPEAL.

Foto: https://www.sopitas.com/noticias/frenaaa-zocalo-cdmx-integrantes-frente-amlo-tiendas-campana/

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