Adopta una planta

Ahora que trabajo desde casa me han entrado unas ganas locas por adoptar un perro. Pero Sr. Novio dice que siente que nos puede amarrar mucho a una rutina y no quiere que nuestras vidas acaben girando en torno a un perro. Y no por menos preciar al perro, si no al contrario, por respetarlo. Tener una mascota es una gran responsabilidad y los dos lo sabemos.

Aún recuerdo el sentimiento que me invadió el día que adopté a mi adorada Lola. Yo tenía entre 20 y 21 años por lo que seguía viviendo con mis papás. Fue de las pocas veces en mi vida en las que pensé que sería mejor pedir perdón que pedir permiso. Normalmente la idea de hacer algo sin permiso sube mi ansiedad a niveles ridículos, por lo que prefiero hacer las cosas bien, seguir las normas y vivir en paz. Pero por alguna extraña razón esa decisión no la pensé así y actué desde un impulso con el corazón. Es de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Tal vez hay una profunda reflexión escondida en ese último renglón, pero hoy el tema es otro.

Cuando llegué con Lola a la casa sentí la necesidad de mentir y decir que me la habían regalado (idea brillante de mis amigas que me acompañaron a adoptarla clandestinamente, la lógica era que así no me podían regañar). Incluso nos tomamos la molestia de comprar un moñito rosa. Me dejaron mis amigas en la puerta de la casa con una perrita y un moño sin armar. Entré sigilosamente para descubrir que no había nadie. Así que me fui directo a mi cuarto para tratar de ponerle el moño y repasar mi discurso, mi mentira.

Intenté ponerle el moño como collar pero me di cuenta que mis manos temblaban y Lola empezó a temblar también. Las dos éramos unas pequeñas maracas. Me puse a llorar y no supe qué hacer. La pobre cachorrita aterrada con un moño que no se mantenía en su lugar estaba petrificada atrás de mi escusado mientras yo lloraba como Magdalena en el piso sin saber bien por qué. Recuerdo que pensé en el reality de MTV de “16 and Pregnant” y por primera vez entendí a las protagonistas. Nunca me había sentido tan responsable por algo y me quería aventar de la ventana de tanto miedo que tenía.

Afortunadamente mi mamá llego al rescate y Lola fue bienvenida a la familia en un dos por tres. Nadie se angustió por la nueva pequeñísima presencia y todo fue alegría. Se hicieron ajustes, empezamos a usar pantuflas para no pisar sus patitas y llegó de visita una prima de mi mamá que se convirtió en la nana de Lola que la mantenía calientita y comidita. Como si fuera mi hija y yo de realeza, sólo me sentaba con Lola para jugar con ella. Pero los cuidados duros cayeron en manos de otras mujeres más capaces que yo, afortunadamente.

Lo curioso es que este domingo pasado reconocí ese mismo sentimiento cuando Sr. Novio me regaló una orquídea divina. Desde que la vi me enamoré y supe que era mía. Pero cuando la tomé y me la llevé a casa sentí lo mismo que hace más de 10 años cuando llegué a casa con Lola.

Ese sentimiento es de una responsabilidad absoluta por cuidar de otro ser vivo (incluidas las plantas). Hoy tengo 10 plantas en casa. A todas las quiero, a todas les platico, a todas las consiento. Adoptar un perro no es cualquier cosa, mejor empieza por adoptar una planta.

Saludos de mis plantas,

La Citadina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s