El mejor detox

Considero que estoy en una búsqueda constante de salud y paz mental, tratando de encontrar un equilibrio personal. Personal siendo la clave de la oración anterior.

Hace un par de meses cuando renuncié a mi trabajo y decidí emprender un nuevo camino quise inaugurar la nueva era con una nueva yo. Entonces decidí hacer un famoso “detox” de 5 días. Un plan que se veía sencillo, rico y de beneficios espectaculares.

Mi cuerpo venía de un carrera larga en la que me alimentaba de pizza, pan, pasta, una dona por aquí, otra por allá y la otra situada entre mi caja torácica y las caderas. Porque ¿a quién no le encantan los carbohidratos?

Así que después de leer los increíbles beneficios del detox decidí que mi cuerpo y mente lo necesitaban. Empecé muy emocionada cocinando unos increíbles hot cakes de proteína, smoothies tropicales, ensaladas creativas y sopas que prometían calentar hasta los muertitos. Y no sólo eso, tenías que escribir, meditar y salir a correr. Yo estaba en todo, dominándolo y palomeando la lista de requisitos interminables.

Fue duro, no lo voy a negar. Pero no podía evitar regocijarme en los increíbles beneficios de tomar litros y litros de agua y verlos salir casi íntegros en el baño, sentir tanto frío y retorcerme de dolor después de cada comida. Para el tercer día estaba agotada, para el cuarto ni hablar. Evidentemente los hot cakes de proteína me empezaron a saber a cartón glorificado (sólo por el simple hecho de que me permitían ponerle fresas). Ya no quería ni comer por el dolor insoportable que venía después, la salivación intensa y media hora de control mental para no regresar todo lo que acababa de entrar.

Intenté disfrazar todo lo anterior bajo el término de “crisis curativa” pero cuando me di cuenta de que simplemente la idea de tomar agua me daba asco decidí darme por vencida, un día antes de terminar el reto de los 5 que eran. Decidí que mi salud nunca había estado peor y que sobre todas las cosas yo era un total y absoluto fracaso para ser “una persona sana”.

Entonces me encontré con un libro de Ayurveda (medicina tradicional de la India). En el que todo lo que me pedían hacer para el detox iba en contra de sus principios. Lentamente empecé a incorporar algunas de sus técnicas y nunca me había sentido mejor. Mi piel estaba increíble, mi temperatura corporal decente y tenía energía para levantar más de 1 vaso al día. Llevar esta filosofía al extremo tampoco era mi intención porque ya conocía un lugar llamado exceso y no quería regresar ahí.

Hoy me concentro en hacer lo que me hace sentir mejor. He ido incorporando y quitando rutinas a base de prueba y error. Pero lo más importante que he descubierto es que definitivamente cada cuerpo es un mundo. Nuestra tarea es descifrar cómo funciona mejor NUESTRO mundo y enaltecer nuestra autenticidad. El detox que nos toca hacer es el de lo que “deberíamos” hacer para descubrir lo que nos funciona a cada uno sin caer en un sistema estandarizado de salud para volverlo más personal.

Saludos (ahora sí) desintoxicados,

La Citadina.

 

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