Entre Baco y Morfeo

Gracias a Don Facebook me enteré de una boda que estuvo de poca madre, una imagen vale más que mil palabras y las fotos del Cara Libro no mienten, el evento estuvo de maravilla. Todos los comensales la pasaron bomba.
Se casaba un gran amigo al que conozco desde la secundaria y que estimo mucho. Los asistentes eran personas que conozco de toda la vida y con los cuales he pasado aventuras dignas de contarse en entregas posteriores. ¿Por qué habló como si no hubiese ido? Porque asistí, pero me quedé dormido, me quedé completamente jetón, totalmente inconsciente.
Me da coraje ver las fotos y no acordarme de nada, me da coraje haberme perdido situaciones que sólo ocurren en los bodorrios: canciones de Caballo Dorado (que nunca he podido bailar como se debe), la peligrosísima víbora de la mar, la entrega de lentes coloridos y artefactos que sólo se dan en las bodas, los trajes de Timbiriche, los picosos esquites y el maravilloso Mariachi.
Me había preparado de maravilla para esa celebración, había dejado de tomar para llegar descansado, compré traje nuevo el cual me quedaba un poco justo cuando lo adquirí, por lo tanto me puse en forma un mes antes y bajé unos cuantos kilates, había ido a la peluquería dos semanas atrás para que mi cabellera luciera en su punto y por si fuera poco había practicado mis mejores pasos de baile.
¿En qué momento valió madres? El destino me proporcionó una mesera sumamente atenta, llena de bondad y calidez. El nombre de esa señorita era Antonia, nombre que para mi parecer suena muy brusco por lo que decidí llamarla Tony, suena más amigable. Tony se encargó que no me faltara vaso en la mano en ningún momento. Por un momento perdí a mis compiches y decidí ir a su búsqueda, mi sorpresa fue mayúscula cuando los encontré en la barra echando los “shots”. Mi decadencia llegó cuando Tony, en busca de una jugosa propina, me siguió hasta la barra y se encargó de meterme tequila hasta por las orejas. Además me quise poner con Sansón a las patadas, intenté derrotar y tirar a verdaderos profesionales del frasco.
Después de los “shots” todo es muy difuso, no recuerdo nada, desperté y ya tenía un pozolito en frente. Mi saco nuevo resultó ser también una maravillosa almohada. No rendí como hubiese deseado y me perdí del evento que tanto esperé.
Una peda cualquiera es una carrera de 100 metros planos, una boda equivale a un maratón. Forcé la maquina y tomé mucho en poco tiempo, al igual que en un maratón es necesario hidratarse. Mi recomendación es que por cada cubita que se ingiere se debe de tomar un vaso de agua, lo sabía y no lo hice.

Saludos intergalácticos.

Escrito el 15 de marzo de 2012

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