¡Deja que acabe la canción!

El otro día aprendí algo sobre mí mismo de la manera más random posible.

Cuando empecé a escribir en MexAppeal, realmente nunca decidí cuáles serían los temas sobre los que hablaría o hacia qué temáticas dirigiría mi atención y mis publicaciones.

De forma natural me he inclinado, en la mayoría de mis publicaciones, a hacer reflexiones sobre temas más o menos cotidianos y/o comunes.

El asunto sobre escribir dichas reflexiones, es que no todas las semanas tengo la oportunidad de vivir experiencias en las que obtenga un aprendizaje que me lleven a ellas, y por ende, no todas las semanas me es tan sencillo encontrar algo que compartir.

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de ir a la bella ciudad de León de los Aldama, Guanajuato.

Desde Cuernavaca, se hacen entre 5 y 6 horas de camino, justo el tiempo máximo para que un viaje sea tolerable o sea tedioso. Viajes de 5 o 6 horas, ok. Viajes de más de 6 horas nel…paso.

En esas 5 horas te da tiempo de dormir, de platicar, de reír, de comer, de escuchar música, etc. Y fue precisamente escuchando música, que tuve esa revelación sobre mi persona, de la cual obtuve una gran reflexión. Llevé una bocinita bluetooth y por consecuente, me tocó ser el “discjockey” que amenizaría el viaje.

Resulta que de ida, 2 de los 3 acompañantes que tuve, se quejaron amargamente de que siempre cambiaba de canción antes de que terminara la otra. Realmente pensé que estaban exagerando e hice caso omiso.

Pero en el viaje de regreso, mis acompañantes se independizaron musicalmente por lo que tuve que esconderme bajo el cobijo de mis viejos audífonos.

Entré en uno de esos trances en los que empiezas a profundizar y a cuestionar ampliamente los aspectos buenos y malos en mi vida personal mientras tienes la música de fondo retumbando sobre los oídos. De la nada, me di cuenta que llevaba más de 10 canciones seguidas sin dejarlas terminar, ese pensamiento, vino seguido de que recordé de que tengo la terrible manía de que, al lavar los platos, siempre dejo al menos uno o dos sin lavar. Y por si fuera poco, seguido a ese, recordé que esa es mi forma de actuar en relaciones laborales y en relaciones personales.

De un momento a otro, había comprendido que soy malísimo para terminar las cosas. Emprendo mucho, y cierro muy pocos círculos. No termino las cosas, las dejo incompletas.

Desde el lunes pasado, he seguido con mi rutina diaria, y cuando he escuchado música, he tenido la paciencia de esperar a que todas acaben. No me adelanto en ninguna. Lo mismo estoy haciendo cuando lavo los platos.

Espero que este pequeño cambio, pueda saber aplicarlo a mayor escala y que de esta manera, obtenga paulatinamente el aprendizaje de cerrar círculos. Además, seguro que no soy el único en este mundo con este problema, así que esta es la solución que les propongo a todos aquellos que tenemos esta mala manía.

Saludos cordiales.

Billy Brown

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