Cumplir 30

Llegué al tercer piso. Cuando era niño pensaba que alguien de 30 era una persona muy grande. Cuando fui adolescente pensaba que a los 30 ya tenías que tener un cierto número de cosas: trabajo estable, casa, familia. Los 30 te hacen ver las cosas de manera diferente. Ahora no me siento viejo, ni creo que deba tener las cosas de mi lista anterior. Por eso desde el 13 de agosto digo que la edad, como reza el viejo cliché, se lleva en el alma. No quise fiesta. Quería hacer algo diferente. Le tengo miedo a las alturas desde que tengo memoria, no me asomo ni en el barandal de las escaleras de mi casa; no hay un viaje en avión que no sufra, me mareo 8 de cada 10 veces que viajo en camión y otras tantas cuando me toca ir en el asiento de atrás en el coche. Y por eso me aventé de un avión con paracaídas.

En un punto decidí que era una buena forma de empezar esta etapa de mi vida. En un punto y en un video de Will Smith. Por todos lados era una buena idea. No para dejar atrás mis miedos. Ni para olvidarlos. Y tampoco voy a decir que le hice frente a la muerte. Pero quería hacerlo. Demostrarme a mí que podía. Y sin pensarlo mucho, era sábado y estaba a punto de abordar la avioneta.

Todas las frases motivacionales que pueda decir las voy a obviar. Porque al final, más allá del miedo y los extremos de la felicidad, con lo que me quedo es con una sensación de victoria. De triunfo. Cumplí 30 y me sentí exitoso. No por lo que tengo o lo que pueda llegar a conseguir. Me sentí bien porque soy un tipo saludable. Porque tengo a mi familia y a pesar de nuestros intereses y personalidades, nos queremos harto. Mis amigos me hacen sentir siempre como si fuera alguien importante. Y lo logran. Empecé los 30 acompañado. No me pesan los lunes y eso lo asocio con amar lo que hago. Me gustan los domingos y no es como cuando iba a la prepa y no quería que se hiciera de noche. Me gusta mi vida. Me vi en el aire, en caída libre y pensé que no querría estar en ningún otro lugar en el mundo.

Me descubrí estable, me sentí querido y hasta con el valor de aventarme de 17 mil pies de altura. Me gustó. Empezó una vuelta más al sol. Agradecido, feliz y hasta valiente. Cumplí 30 y fue mucho mejor de lo que pensé un día, cuando sentí que me hacía grande.

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