Peor que los cangrejos

Hay veces que la mentalidad retrógrada de la gente de este país me sorprende demasiado. Creo que en algunos casos, esa mentalidad ha llegado a alcanzar niveles insospechados por el ser humano.

Estoy realmente muy molesto con una situación que viví durante el último mes.

Resulta que, un primo que vive en España, se interesó por el negocio de comprar combis viejas, arreglarlas, “pimpearlas” y revenderlas. Al parecer en España se pueden llegar a vender a muy buen precio (entre 10mil y 15mil euros por combi). Y si mi primo las compra acá en México y acá mismo las arregla, le termina siendo un negocio muy redituable.

Dicho esto, me di a la tarea de ayudarlo a buscar combis y terminé dando con “Don Pendejo”, así lo llamaré ya que es lo que pienso de él.

“Don Pendejo” tiene dos combis que quiere vender, una del año ´93 y la otra del año ´73.
Como “Don Pendejo” es un señor muy ocupado, me mandó a un par de chalancitos que tiene para que me mostraran las combis y el precio de la combi del ´73 me pareció muy justo ($17,000).

Toda la semana pasada, estuve contactando a “Don Pendejo” para pedirle de favor que antes de comprársela, me la prestara para llevarla a taller y de esa manera, poder cotizar cuánto me costaría toda la “pimpeada” y demás. Obviamente ofrecí pagarle la gasolina del trayecto al taller e incluso un extra para su chalancito y/o para él mismo.

“Don Pendejo” me dijo que sí, que le parecía muy bien y cuando volví a llamarle para quedar en el día y la hora, decidió darme largas y me dijo varias veces “que en cinco minutos me regresaba la llamada”.

A la tercera o cuarta vez que se negó a contestar la llamada, caí en la cuenta de que quizás mi propuesta no le había parecido y que estaba empezando a arrepentirse de la venta. Así que le llame de otro teléfono y antes de que pudiera darme el cortón, le explique que la venta era segura pero que de verdad necesitaba llevarla antes al taller simplemente para hacerme una idea en costos, pero que si el negocio no le interesaba, que no se preocupara y me lo dijera directamente, insistí en que no había ningún compromiso conmigo y que por favor fuera muy directo conmigo para yo dejar de perder el tiempo y buscar por otro lado.

La respuesta de “Don Pendejo” es la que me enfureció y la que me hizo inspirarme para escribir esto. Su respuesta fue la siguiente y transcribiré a continuación exactamente cómo fue:

Don Pendejo: “No. Si me interesa pero, ¿cuánto le dijeron que costaba la combi?

Billy Brown: “$17,000 si sólo compro la del ’73 y $15,000 si me llevo las dos”

Don Pendejo: “Uy cómo cree. ¿Quién le dio ese precio?

Billy Brown: “¿Cómo que quién? Pues usted a través de la gente que me mandó a enseñarme los vehículos”

Don Pendejo: “No pues no sé quién le haya dado ese precio. La combi del ’73 está en $30,000”

Billy Brown: “No pues está muy cara, me lo hubiera dicho desde un principio y así no me tenía un mes esperando. Los $17,000 se los puedo dar mañana mismo, pero no se me hace justo que me quiera cobrar de repente casi el doble.”

Don Pendejo: “No pues no sé quién le dio ese precio”

Billy Brown: “Gracias.” Cuelga el teléfono.

Llegué a una conclusión muy sencilla y creo que realmente fue mi culpa. Cuando sus chalancillos me enseñaron las camionetas, me preguntaron si eran para mí, a lo que en mi inocencia, les respondí con la verdad y les dije que no, que eran para un primo en España.

No me queda de otra más que pensar que en cuánto le fue informado al dueño que las combis se iban para España, le brillaron los ojitos con el símbolo de los euros y decidió cobrarlas a “precio europeo”.

Yo lo que le solicito a los mexappealers de corazón, es que no procedan de esa manera ni en los negocios ni en el trabajo ni en la familia. El tiempo de las personas es sagrado. Hablen directo y con honestidad. Digan las cosas como son y sobre todo digan si están o no están interesados. Además, el ser avaricioso y codicioso puede resultar contraproducente y puede pasarles como a “Don Pendejo”, que de tener una venta segura por $17,000, se quedó sin nada por avaricioso. Mentalidad totalmente retrógrada y estúpida.

Saludos cordiales.

Billy Brown

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