El mundo que le espera a mis nietos

Recientemente leí en algún lugar, que el aclamado y respetado científico Stephen Hawking, comentó que acorde a sus cálculos, estudios y demás, el ser humano tendrá que verse obligado a abandonar el planeta tierra en búsqueda de otro lugar habitable en aproximadamente 100 años.

¿Mencioné que lo anterior lo dijo STEPHEN HAWKING?

O sea, no lo dijo El Sopitas, ni Luisito Comunica, ni mucho menos El Deforma.

Era un artículo bastante largo, del cual no tengo ni siquiera el enlace para poder anexar a este texto, y cometí el error de no leerlo completo.

“Los cambios climáticos bla, bla, bla. Las guerras nucleares bla, bla, bla. Probablemente tendremos que irnos a la Luna, bla, bla, bla… o quizás a Marte bla, bla, bla.”

Como dije antes, era un texto extenso que sólo leí “por encimita”.

Lo comenté y lo debatí con una buena amiga, quien me comentó que era quizás por esa razón, que ella no quería tener hijos. Ella argumentaba que vivimos en un mundo que no tiene solución. Con un desarrollo totalmente retrógrada, que ni siquiera debería llamarse desarrollo. Con unas condiciones climáticas que desembocarán tarde o temprano en un gran caos generalizado, insostenible

Un tanto pesimista su visión del mundo, la verdad es que coincido con ella en un 90% de las cosas. Sólo a que diferencia de ésta, yo le argumenté que era justo por eso, que yo SI quería traer hijos a este mundo. Mi perspectiva es que, las generaciones futuras son los únicos que pueden salvar a la humanidad de su inminente extinción (sean o no sean 100 años).

No tengo idea cuándo nacerá mi primer hijo/a y de hecho, ni siquiera puedo asegurar que algún día tendré hijos. Pero si los tengo, intentaré educarlos y enseñarles ideas que vayan en pro del bienestar del planeta. Tendré que hacer un cambio fuerte en mi día a día ya que, si quiero educarlos con esas ideas, tendré que predicar con el ejemplo.

Por lo pronto, aporto poco a poco con pequeñas cosas tan simples como no usar popotes ni ese tipo de plásticos que se descomponen en mil años. Cosas tan simples como romperle todos los aritos al plástico que soporta nuestros deliciosos sixes de cerveza. Cosas tan simples como no dejar abierta la puerta del refrigerador.

Si TODOS aportamos lo mínimo, y sobre todo, educamos correctamente a las futuras generaciones a tratar de revertir la situación, seguro que nuestros nietos, bisnietos y/o tataranietos, podrán vivir y disfrutar al máximo nuestro planeta al cual, seamos honestos, lo tratamos terriblemente.

Saludos cordiales.

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