¡Libre soy!

Diría Elsa, la protagonista de Frozen, aunque para el tema de hoy, me gusta más el término en la versión original: LET IT GO! LET IT GOOOOO!!!

Y sí, dejar ir es una de las cosas más difíciles a la cual nos enfrentamos, y este fin de semana viví el ejemplo perfecto… hacer una limpieza integral de tu cuarto (exacto, seguro también lo pensaron: con clóset incluido).

Empezar a maquinar la idea porque ese espacio vital, de armonía y de paz te exige su atención porque lo único que respiras cuando entras es ansiedad y desaprobación…  ese espacio tan tuyo te saca y te grita ¡Por favor, ayúdame a ayudarte!

Y llega ese día en el que ya no puedes decirle que no y te lanzas a la aventura de arreglar… pero no sin antes saber que esa tarea implica desprenderte de cosas que hasta este momento juras que son indispensables en tu vida y no… sólo es esa necedad interna de aferrarte a cosas que ya no sirven más, que no aportan y solo estorban.

Y entonces reflexionas sobre el tan actualmente usado “desapego”… ¿por qué? Qué es tan trascendente del desapego que es una realidad que vivimos todos los días… lo pienso y mi respuesta la ejemplifico con esta analogía:

Las personas evolucionamos como las computadoras en la memoria, en 1997 una 486 era un avión y hoy 1 Tera no es suficiente y por lo tanto debemos deshacernos de lo que ya no nos sirve… es lo mismo en nuestras vidas, en nuestro interior (emocionalmente también) no hay espacio, bodega ni cabeza que nos aguante, ni dinero ni tiempo que lo soporte… pero sobre todo, es la oportunidad de vivir en el presente, y de la mano con lo que platicaba La Citadina el martes… debemos tener la capacidad de vivir con lo que nos hace feliz y no con lo que “consideramos” que necesitamos “por si un día se ofrece” o con fantasmas del pasado que no nos dejan avanzar, sí, así de profunda es una limpieza de cuarto.

Este ejercicio realmente me hizo sentir comprometida conmigo misma (#adultlife en acción) utilizando frases de autoayuda como: “lo que no has usado en 6 meses, sácalo”, “si ya no te acordabas que lo tenías, bótalo” o “si no has hablado en Facebook con alguien en un año, elimínalo” (muy ad hoc… para la época), al final y en mi opinión a partir de este ejercicio más consciente, a todo eso que no te aporta… let it gooooooo!

Lo increíble (por lo menos para mí) fue sentirme más libre… ni las mejores dietas logran esa sensación de paz y ligereza que representa dejar ir sin culpa alguna.

¿Quién se rifa?

Saludos amorosos.

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