Breve cuento sobre la desgracia

Mex Appeal es un espacio para que personas con el gusto por la escritura puedan compartir todo tipo de experiencias, historias y demás. En mi caso y en el de varios de mis compañeros, normalmente escribimos sobre temas o problemáticas de la vida común. Sin embargo, y como hice hace un par de semanas, la entrada de este miércoles la dedicaré a compartirles un texto que escribí a principios de 2012. No está basado en nadie ni en ninguna historia real, simplemente llegó a mi cabeza una tarde que la creatividad fluyó. Les comparto este breve cuento sobre la desgracia.

“Todo en mi vida cambió el domingo pasado. Me encontraba sentado frente a mi laptop, perdiendo el tiempo en alguna de las 1382 redes sociales que hay ahora. Cuando de repente comencé a sentir que el piso se movía. No tardé casi nada en darme cuenta que estaba temblando. No me preocupé en un principio, aquí en Japón tiembla 3 veces al día (evidentemente no tiembla 3 veces al día, es sólo un decir). Cuando parecía que todo se calmaba, la tierra comenzó a moverse como nunca antes.

Yo viví seis años en San Francisco y otros seis, podría decir que los mejores seis de mi vida, en la Ciudad de México. Así que no era ningún novato en eso de sentir a la tierra sacudiéndose. Era la primera vez que sentía un movimiento telúrico de tal magnitut… Sí, magnitut. Soy de esos que cuando habla, pronuncia con una “t”, todas esas palabras que terminan con una “d”.

Para no seguirles haciendo el cuento largo, seguiré en donde me quedé: la tierra comenzó a moverse como nunca antes y en diez segundos pasé de estar escribiendo con mis dos manos, a estar completamente manco. Una viga de acero cayó directamente sobre mis manos como empeñada en hacerme daño. No fue todo lo que cayó. Se derrumbó toda la construcción en la que me encontraba.

Me encuentro confinado en el hospital y estas palabras las escribo esto a través de una amable asistente que transcribe todo lo que le digo. Es denigrante y humillante. Si tan solo hubiera dejado que aquella viga de acero cayera sobre mi cabeza y no sobre mis manos.

Billy Brown

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