Y entonces, ¿Por qué nos enojamos?

Se supone que los seres humanos nos distinguimos de los demás animales por la capacidad de razonar. El raciocinio nos coloca en la cima de la evolución del pensamiento. Todo gracias a nuestro cerebro, que por consecuencia se convierte en el más sofisticado órgano que cualquier ser vivo pueda poseer.

Somos portadores de un órgano cerebral tan complejo que nos permite tener pensamientos abstractos. Incluso podemos inventar, crear, a partir de esos pensamientos abstractos, objetos prácticos para mejorar nuestra calidad de vida. Sin embargo, a pesar de todo el poder de nuestros sesos en ocasiones pareciera que no poseemos la capacidad de controlar nuestros mismos pensamientos.

Si nuestro cerebro es el mayor símbolo de la evolución del pensamiento, ¿por qué nos enojamos? Es cierto que el enojo no es un pensamiento propiamente, es más bien un sentimiento. Pero el enojo tiene sus orígenes en el pensamiento. ¿Qué es exactamente el enojo? ¿Será acaso frustración en mayor medida, miedo, mecanismo de defensa, método de imposición de ideas? Quizás todo lo anterior. No lo sé con exactitud.

De una cosa estoy seguro con respecto al enojo: es el sentimiento menos útil y más primitivo que experimentamos. No existe ninguna utilidad práctica para el humano en el enojo, no ganamos absolutamente nada, bajo ninguna circunstancia. Tampoco por enojarnos, mágicamente las cosas se solucionan. Enojarnos tampoco nos hace tener razón. Incluso hay personas que llevan al extremo su coraje, hacen a un lado su condición humana y se vuelven agresivos. Como animales. Cuando un superior en alguna estructura jerárquica se molesta por cualquier cosa, justifica o injustificada, ¿no es acaso una demostración muy primitiva de superioridad? ¿No tenemos acaso la capacidad para realizar nuestras actividades y respetar las líneas jerárquicas sin necesidad de imponer ideas? Yo creo que sí.

En otras palabras, enojarse es muestra de que no entendemos o no queremos ser humanos. Resulta un retroceso en el pensamiento. Debemos entender la manera en que la vida funciona y adaptarnos, tenemos la capacidad de hacerlo. Cuando tratamos de adaptar la vida a nuestro pensamiento es cuando surge el enojo. ¿Te das cuenta de lo absurdo que resulta? Como humanos tenemos cientos de mecanismos para actuar: podemos prevenir, improvisar, analizar, crear estrategias, metodologías, modelos de pensamiento, un sinfín de herramientas para adaptarnos al nuestro entorno, hacer uso de nuestro poderoso cerebro en lugar de ser presas de sentimientos primitivos propios de la época de las cavernas.

Los animales enfurecen cuando alguien amenaza su vida, entonces se vuelven agresivos y echan mano de su ira y fuerza para defenderse. El humano no tiene esa necesidad, puesto que razona, piensa, intuye, analiza, reflexiona y genera otros mecanismos mucho más sofisticados que liarse a golpes con aquello que representa una amenaza. Ese debería ser nuestro estilo de vida.

Somos seres humanos que pensamos pero que también sentimos y no hay nada de malo en ello. Lo que no es bueno es permitir que los sentimientos nos gobiernen. Mucho menos que nos gobierne la ira.

La próxima vez que tengas ganas de golpear a alguien que habla barbaridades o que te cierra el paso abruptamente en su vehículo, reflexiona que eres el resultado de miles de años de evolución de pensamiento. Actúa como tal.

Adorable Pollito.

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