Ollita pa´ frijoles

¿Y por qué no? Hay mucho de qué hablar sobre las ollas pa´ frijoles, ya verás. Conforme leas estas líneas te darás cuenta, en caso de que no lo hayas hecho, del papel que esas típicas ollas juegan aún hoy en nuestras vidas.

Si bien la invención de la olla no es propia de nuestra cultura, la forma en que estas ollas son manufacturadas, puede que sí. Sus orígenes son humildes, cada una producida a mano en sitios alfareros de las provincias de México. Forzosamente deben estar hechas de barro rojo curado. Sólo el barro curado es capaz de aguantar las altas temperaturas de cocción, además de soportar las tantas veces que se utiliza. Conforme son expuestas al fuego van adquiriendo el particular flameado en la parte inferior que sirve como sello de garantía autóctono. Las podemos hallar en los mercados, tianguis, ferias o tienditas especializadas.

Pero vamos a lo práctico, al día a día, es ahí donde conectamos con la imperceptible olla. Hagamos memoria. Alguna vez te habrás topado con un puesto de gorditas o tlacoyos, ¿cuál es la primera opción que te viene a la mente?, y ¿qué me dices de los tacos de canasta? Si estás en casa y quieres algo rápido de comer, puedes hacerte una torta de lo que quieras,  pero las tapas deben ir adornadas con una embarrada de frijoles refritos. Si, por el contrario, quieres algo más gourmet, puedes ir a un restaurante en dónde te ofrecen frijoles como guarnición o como platillo al centro de la mesa. Su presentación en estos lugares es más elaborada, pero el ingrediente principal es el mismo. Incluso en algunos restaurantes de alta cocina, parte del menú incluye sopa de frijol. Es más, estoy seguro de que puedes distinguir sin problemas el sabor de frijoles cocidos en olla, de los frijoles enlatados. Todos estos alimentos pueden ver la luz gracias a la particular olla y su sagrado rito de cocción. El éxito o fracaso de los mismos dependen, en gran medida, de la regordete ollita de frijoles.

Vayamos un poco más a fondo, pues ¿quién se puede resistirse a una rica torta de frijoles recién salidos de la olla, adornada con una rebanada de queso y un chile “de amor (dida)”?, esa delicia culinaria tiene la cualidad de hacernos el día. Si te caen visitas inesperadas y no tienes nada de comer disponible, no hay problema, machacas unos frijolitos, los refríes y sirves con totopos y guacamole, y listo, asunto resuelto. Si tienes indicios de anemia, una buena porción de frijoles de olla te aportará el suficiente hierro para salir del padecimiento y de paso agarrarás colorcito.

¿Te das cuenta? Nuestro vínculo con las ollas de frijoles es muy cercano. Y debe ser así, pues el frijol forma parte de la canasta básica de nuestro país, y yo diría que también la ollita figura dentro de los productos elementales, si no, ¿cómo nos los comemos?

Si por azares del destino no cuentas con una ollita frijolera en tu cocina, deja todo lo que estés haciendo y ve por una, vale la pena.

Si eres extranjero y te encuentras en México, pide a tu anfitrión mexicano que te muestre cómo se preparan los frijoles en las tradicionales ollas. Sin duda encontrarás fascinante el método con el cual adquieren el inigualable sabor los frijolitos. No te arrepentirás.

No estaría mal que, de vez en cuando, en lugar de comprar panninis, croissants y sándwiches del Starbucks, sacáramos las tortas de frijol para compartir con los colegas y amigos. Sería maravilloso.

Si de pronto sientes antojo por la torta de frijoles humeantes, recién salidos de la olla, anda, no te contengas. Consiéntete.

 

Adorable Pollito

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